Renovar la Universidad de Panamá

IMPACTO NACIONAL | SOCIEDAD

La Universidad de Panamá debe convocar un proceso de reflexión sobre su situación y los nuevos horizontes de renovación que exige la nación. Es oportuno, a veinte años para convertirnos en una universidad centenaria, renovar las visiones y su estilo de gestión centralista.

POR: EDUARDO FLORES CASTRO

Pese a que en la Ley Orgánica y el Estatuto universitarios se instituye la Carrera Académica, hasta la fecha no ha sido reglamentada. A falta de esta reglamentación, se ha aplicado una serie de reglamentos desactualizados e inconexos. Tales son los casos de los reglamentos de Banco de Datos y de Evaluación del Desempeño del Docente. Estos requieren una nueva formulación porque el primero determina el reclutamiento de los nuevos profesores que requiere la Universidad del siglo XXI; y el segundo hay que despojarlo de su esencia punitiva y dotarlo de objetivos que conduzcan al logro de la excelencia académica. Esta nueva definición reglamentaria debe ser el resultado de la participación y evaluación de los propios docentes.

Se debe establecer políticas y programas de perfeccionamiento permanente del docente, que complementen su formación académica, didáctica y el uso de las tecnologías de la información. Es necesario ofrecer programas de doctorado para los profesores o poner a su disposición estudios en universidades internacionales. No es posible que le pidamos a nuestros docentes que obtengan un doctorado y, al mismo tiempo, tengan que cumplir con una carga docente normal.

El otorgamiento del tiempo completo no puede seguir siendo una atribución discrecional del rector. Debe establecerse un reglamento para otorgar la deicación de tiempo completo, considerando las necesidades, los méritos y tiempo de labor de los aspirantes. Al ganar un concurso de una posición regular, al profesor especial con dedicación de tiempo completo deberá otorgársele, de forma automática, ea misma dedicación en la categoría de regular, no como ocurre hoy, pues son conocidos varios casos de docentes que eran tiempo completo y que, después de ganar un concurso a cátedra, no se les ha mantenido esta condición por motivos políticos.

Hay que eliminar la ilegal práctica de asignar a los profesores parciales más horas de las que se les pueden pagar, ya que esto implica una explotación laboral por parte de la institución. Se requiere un plan permanente de apertura periódica de concursos a profesores regulares, de manera que descartaremos la práctica de abrir una plaza por departamento, que provoca rivalidades innecesarias entre colegas.

La estabilidad del docente universitario debe imperar sobre las prácticas clientelistas y arbitrarias, como es el caso del temor a represalias por discrepar con las autoridades. Es preciso erradicar la práctica nociva de ser aislado o perseguido por tener una opinión diferente a la de las autoridades y por apoyar una opción electoral diferente. Sin la absoluta libertad a disentir y el ejercicio pleno de la democracia, no hay estabilidad laboral y es prácticamente imposible hacer universidad.

Debemos actualizar las carreras que ofrece la Universidad y dotarlas de infraestructura y laboratorios modernos. Nuestros programas, a todos los niveles, deben estar vinculados con el desarrollo sostenible del país, complementados con formación cultural, humanística y pensamiento crítico. Se deben establecer convenios entre la Universidad e instituciones públicas y privadas, tanto a nivel nacional como internacional. Es necesario establecer una comunicación permanente entre universidad, sociedad, empresas y el Estado, para establecer una hoja de ruta para el desarrollo nacional. Se deben ofrecer becas para estudiantes de escasos recursos y para estudiantes con buen índice académico.

La investigación

La investigación en la Universidad de Panamá se ha caracterizado, en comparación con universidades oficiales de otros países, por un bajo presupuesto y por un número reducido de profesionales dedicados a ella.

Esto no ha permitido lograr una productividad pertinente, reflejada por publicaciones en revistas indexadas. Si utilizamos criterios como inversión en investigación, número y salario medio de los investigadores, también confirmamos un déficit.

La institución está limitada por la cosmovisión de sus administradores, por el bajo apoyo a la investigación y por asignar un valor marginal a esta labor. Es absolutamente necesaria la renovación de la administración universitaria, de manera que se establezcan programas de incentivos a los investigadores, programas de perfeccionamiento profesional y se asigne un porcentaje del presupuesto universitario a la investigación. Merecería la pena emular a la Universidad Autónoma de Chiriquí, que tiene una asignación por ley del 5% del presupuesto de funcionamiento para el apoyo a la investigación.

La universidad tiene competencias para participar con opciones de éxito en licitaciones, pero lo hace muy pocas veces o no logra por falta de organización. Esto presupone una falla gerencial en transferencia de tecnología, base de datos, herramientas informáticas, técnicas de relaciones públicas, etc. Es fundamental reforzar las tareas de análisis de nuestras fortalezas y debilidades para no perder la inversión y potenciar los resultados.

Debemos realizar un estudio de las fuentes de financiamiento nacional e internacional y definir una estrategia adecuada cuyo objetivo sea la captación de fondos. De igual forma, se debe gestionar fondos para crear un sistema de servicios científicos y tecnológicos con miras a participar en el mercado nacional e internacional, y generar los fondos para su sostenimiento y para el apoyo al desarrollo de las ciencias, las humanidades y las ciencias sociales y administrativas. Esto implica un estudio de mercado con técnicas modernas e índices orientadores de las políticas a seguir.

Es recomendable elaborar un centro de datos que nos permita ordenar los logros alcanzados por los panameños, tanto en el territorio nacional como en el exterior, así como los aportes en investigación de los extranjeros residentes en Panamá. Por otro lado, urge establecer una política de publicaciones, comunicación y relaciones públicas.

Es una condición ineludible establecer accesos eficientes a internet, bibliotecas digitales, centro de datos, apoyo virtual a los cursos, teleconferencias, pasantías, manuales de procedimiento, certificaciones, etc. La Universidad de Panamá capta un bajo porcentaje de egresados de universidades prestigiosas, por su sistema rígido de selección, que no hace prevalecer los méritos académicos.

Para un docente con gran cantidad de horas de clases y las obligaciones de horas de servicio administrativo, es muy difícil cumplir con las exigencias que requiere un proyecto de investigación de primera línea, lo que indica que hay que hacer cambios para poder impulsar la investigación. A nivel nacional nuestra fortaleza es el gran número de profesores con alta formación. Debemos aprovechar esta ventaja e impulsar la investigación implementando doctorados en todas las disciplinas y proporcionar condiciones óptimas a quienes realizan proyectos financiados.

Para esto debemos hacer sinergias con instituciones como la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, la Ciudad del Saber, el Instituto Smithsonian, el IFARHU, la ANAM, el Ministerio de Educación, el Sindicato de Industriales y universidades extranjeras de prestigio. De esta forma, forjaremos una universidad orientadora y protagonista del desarrollo nacional.

Centros Regionales

Los Centros Regionales de la Universidad de Panamá tienen una importancia crucial para el país. Muchos profesionales han egresado de sus aulas y han dado valiosos aportes a la evolución de las comunidades. Sin embargo, es imperante renovar el modelo de gestión académica y administrativa de los Centros Regionales, de las Extensiones y de los Programas Anexos, así como conferirles más autonomía y dotarlos de los recursos y equipos necesarios con la finalidad de elevar el nivel académico.

La elaboración y ejecución de planes de desarrollo universitario regionales, como parte de un plan nacional, es un clamor de los docentes. Se debe establecer una visión planificada de largo plazo. Pero estos planes regionales deben surgir del debate de cada unidad académica, con los sectores productivos y las autoridades de las regiones en la que están inmersas. Debemos sustituir el cortoplacismo por la visión a largo plazo, y las directrices desde arriba, por la formulación construida desde las bases universitarias.

La renovación del modelo de la universidad regional ha de partir de un diagnóstico integral que considere nuestras fortalezas, nuestras debilidades, nuestras actuales ofertas académicas, las demandas insatisfechas de estudios regionales, nuevas modalidades formativas, nuevos perfiles de egresados, demandas de investigación, infraestructuras y equipos, nivel presupuestario, vínculos con la sociedad y la internacionalización.

En los Centros Regionales Universitarios se debe establecer un modelo de conducción basado en propuestas colectivas, búsqueda de consensos y renovación periódica de sus visiones. Esto exige una completa transparencia y una real rendición de cuentas.

El proceso renovador de los Centros Regionales involucra convertirlos en espacios para el estudio, la investigación y el diseño de propuestas que den solución a los problemas regionales y nacionales, tanto de las comunidades como de los sectores productivos.

Deben ser oasis de cultura, academia y ciencia para la comunidad a la que se deben; además de ser modelo de desarrollo ambiental sostenible y espacios de vida saludables. Esta misión es insoslayable para toda universidad regional moderna.

Art. 41
El Consejo de Centros Regionales es un órgano de co-gobierno universitario, donde están representados los Centros Regionales Universitarios y las Extensiones Universitarias.

Art. 44
El Consejo de Centros Regionales debe velar por la calidad, pertinencia, eficiencia y eficacia de la docencia, por la investigación, extensión, producción, y servicios en los Centros Regionales.

EL AUTOR ES CATEDRÁTICO.

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Sebastián López Ruiz, primer médico, botánico y físico panameño

Eduardo Flores Castro
opinion@laestrella.com.pa

Sebastián López Ruiz nació en la ciudad de Panamá el 18 de enero de 1741, en el seno de una familia de criollos. Al lado de su padre, quien era Escribano de Su Majestad, inicia sus estudios. Luego, en el Seminario estudia Latín y Retórica. Posteriormente, en la Universidad de San Francisco Javier, de Panamá, asiste a cursos de Filosofía, Arte, Física, Metafísica, Animalística y Lógica; aquí obtiene los títulos de Bachiller y de Maestro en Artes.

En 1758 se traslada a la Universidad de San Marcos (Perú), donde estudia y le confieren nuevamente el grado de Bachiller. Allí también estudió jurisprudencia y principios de las ciencias físicas; convirtiéndose en el primer panameño en cursar estudios de Física. Por último estudia medicina, graduándose en 1764; por lo que es el primer panameño en graduarse de medicina.

En el Cuzco ejerce la medicina y en 1767 se traslada a la Ciudad de Panamá, donde presentó un informe sobre la práctica antihigiénica de enterrar cadáveres en las iglesias; esto le ganó el repudio de la aristocracia istmeña. Él lamentó que la ignorancia y el orgullo, privaran sobre los intereses de la comunidad. Además, planteó la necesidad de trasladar el cementerio público, que estaba al lado de la catedral, a las afueras de la ciudad.

En Panamá, realiza numerosas expediciones y descubre yacimientos de mercurio en Panamá, Cruces y Portobelo. A fines de este año, llega a Bogotá, donde practica la medicina y es nombrado en la Secretaría del Virreinato. En esta ciudad, además, dictaba clases particulares de matemáticas y francés. Entre sus alumnos se encontraba el joven Antonio Nariño, quien posteriormente fue precursor de la independencia de Colombia.

En 1774 reporta el descubrimiento de la quina en las cercanías de Bogotá (La quina es una planta medicinal que se utiliza contra la fiebre y la malaria). En 1776 el Virrey, informa a Su Majestad el Rey, de los méritos y particular servicio de Sebastián López Ruiz. Después de ser examinada y verificada la autenticidad y efectividad de las muestras que él había suministrado, el Real Jardín Botánico de Madrid, le asigna un sueldo de dos mil pesos para que perfeccionara su descubrimiento.

Viaja a España en donde es nombrado Botánico de la Real Orden. Posteriormente, se traslada a Francia en donde es nombrado miembro de la Real Academia Madricense y de la Real Sociedad Médica de París, convirtiéndose en el primer neogranadino en ostentar estas distinciones. Luego retorna a América, cargado de libros e investido con el encargo de Comisionado de la Quina y Jefe de su Estanco y Exportación.

En 1783, escribe un informe sobre un yacimiento de petróleo en el distrito de Cáqueza (Colombia) y sus muestras fueron confirmadas como petróleo en Madrid. Siendo de esta manera el descubridor de petróleo en Colombia. En sus exploraciones, describe el nacimiento y cursos de ríos, el cultivo de la cera, de la coca, algodón, tabaco, cacao, la canela silvestre, y enumera las poblaciones indígenas.

En Madrid, el español Celestino Mutis había hecho petición del título de Descubridor de la Quina Neogranadina, lo que dio inicio a un intenso y largo pleito. López Ruiz cometió dos errores, el primero fue que solicitó que el mismo Mutis certificara su descubrimiento y el segundo fue el pensar que el ser un criollo, nada iba a influir en la disputa. Al final, las autoridades realistas le dieron el título de descubridor de la quina al peninsular Celestino Mutis. Se removió a López Ruiz del cargo de Comisionado de la Quina y lo declararon falso descubridor de la quina; además, no se le concedió más permiso para volver a España. A pesar de esto, continuó sosteniendo que él era el descubridor del árbol de quina en la Nueva Granada. En 1801, conoció al barón Alexander Von Humboldt, y posteriormente le hace llegar sus manuscritos para que este los examine.

Llegó a tal punto la persecución contra López Ruiz que trataron de impedir que uno de sus hijos ingresara a estudiar a algunos colegios en Bogotá. El arzobispo de Quito lo definió como natural de Panamá, de una familia un tanto humilde y que al parecer circulaba en sus venas sangre africana, mezclada con noble sangre castellana.

La pregunta que nos hacemos, después de más de 200 años, es: ¿por qué las autoridades realistas invirtieron tanto esfuerzo y se ensañaron contra un desconocido escribiente panameño de la secretaría del virreinato? Sebastián López Ruiz el más grande científico ilustrado del Virreinato, y autor de numerosas monografías científicas, muere pobre, aislado y decepcionado a los 92 años, el 29 de noviembre 1832 en Bogotá. Sus escritos se conservan en los Archivos Generales de Indias, en Sevilla y en la Biblioteca Nacional de Bogotá, como un legado a la posteridad.

CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ

Pilares del desarrollo institucional: Eduardo Flores Castro

La renovación de la Universidad de Panamá debe reconocer al personal administrativo como uno de sus actores importantes para el desarrollo institucional. A través de los años, y por sus luchas gremiales y méritos individuales, se han ganado un espacio preponderante del quehacer universitario. Con su capacidad de generar iniciativas y su fortaleza de acciones, han logrado conquistas laborales que deben ser respetadas y aseguradas, incluso ampliadas.

Como pilar fundamental de esas conquistas está el Reglamento de Carrera del Personal Administrativo, que hoy demanda actualización y mejoras, con la participación decisiva del estamento administrativo. Uno de los aspectos clave es que todas las posiciones vacantes sean ocupadas mediante concurso de méritos, de modo que tengan oportunidad de participar todos los que se distingan por su idoneidad, antigüedad y honestidad, tal como lo disponen las normas universitarias.

Merece especial atención el desarrollo de la profesionalización de los trabajadores administrativos, lo que implica establecer incentivos para aquellos que culminen sus estudios y la reubicación de cargos según su formación académica, antigüedad y méritos, correspondida con un mejor salario.

Es necesario acabar con la práctica de contratar personal para realizar tareas y asumir responsabilidades similares a las de los empleados con más experiencia y comprometidos con la Universidad de Panamá, pero con mayores salarios. Esto constituye un irrespeto a la antigüedad y méritos, además de ser un desestimulante laboral.

El Reglamento del Sistema de Evaluación del Rendimiento por Resultados de los administrativos debe ser revisado y modificado, previa consulta con los propios evaluados y un diagnóstico de los resultados de su aplicación. Actualmente la cultura de la evaluación laboral y profesional es inherente a toda universidad moderna y renovada, pero esta debe despojarse de la finalidad punitiva y discrecionalidad subjetiva.

Un moderno sistema de evaluación tiene como fin medir objetivamente el desempeño, incluir a todos los que ejercen cargos administrativos, identificar y replicar las mejores prácticas laborales, disponer de una variedad de incentivos, de manera que el objetivo central sea la excelencia de la gestión administrativa.

Son muchos los servicios internos que han de ser mejorados para el personal administrativo; uno de ellos, el Centro de Orientación Infantil, que necesita transformarse a fin de ampliar su cobertura y funciones profesionalizadas. La Universidad de Panamá cuenta con personal interdisciplinario para la renovación de este centro especializado y demás servicios, capaz de convertirse en modelo nacional.

Entre otros aspectos pendientes, está cumplir con la revisión periódica de la escala salarial de cargos, de forma que ello contribuya a dotar de una remuneración digna, de acuerdo con los aumentos del costo de la vida y la responsabilidad de trabajar en la Universidad de Panamá, que tiene la obligación de ser ejemplo profesional y de equidad social para el país.

Salvemos el humedal de Matusagaratí

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Eduardo Flores Castro

En los últimos 100 años el planeta ha perdido un 64 % de sus humedales, siendo este proceso más acelerado en las últimas décadas. Anualmente se pierde un 1,0 % de estos sitios, debido a la expansión de las actividades agrícolas, al crecimiento de las ciudades, al impacto del cambio climático y a la degradación de los mismos por agentes químicos en el agua.

Los humedales son una fuente de agua potable, para la irrigación de los cultivos y reducen la subida del nivel del mar. Alrededor de 700 millones de personas viven de la pesca y de la acuicultura en torno a los humedales. Según la Evaluación de Ecosistemas del Milenio, cada kilómetro cuadrado de manglar, en su estado natural, es capaz de producir entre 8000 a 168 000 dólares al año en mariscos. Esta cifra aumentaría si le sumamos los otros servicios que los manglares nos ofrecen.

Panamá con sus 1 840 km2 de manglares, es el país centroamericano con mayor superficie ocupadas por este ecosistema, lo que nos sitúa con una gran riqueza natural. Poseemos seis humedales de importancia internacional: San San Pond Sak (Bocas del Toro), Lagunas de Volcán (Chiriquí), Punta Patiño (Darién), Bahía de Panamá, Golfo de Montijo (Veraguas) y Damani Guariviara (Comarca Ngäbe Buglé). Un estudio realizado en nuestro país, señala que cada kilómetro de costa de manglar produce anualmente un estimado de 100 000 dólares en camarones y pescado por año.

El físico panameño Guillermo Burker, a través de su tesis de maestría, ha demostrado que zonas en donde se han destruido los manglares poseen más intrusión de agua salina en sus acuíferos costeros, en comparación con otras zonas muy próximas en donde se ha preservado el manglar en la costa. En otro estudio de riesgo sísmico, se ha determinado que en las barriadas que han sido construidas sobre relleno de manglares, el riego sísmico es mayor.

En los últimos 50 años, ha desaparecido en nuestro país alrededor del 60 % de nuestros humedales. Esto, desconociendo que alrededor de 170 especies de peces están asociadas a estas zonas. Entre estas especies tenemos: las corvinas, los pargos, los róbalos, los jureles, las cojinúas, las macarelas, las sierras y las anchovetas. Además, de moluscos como la concha negra, langosta, cangrejos y jaibas. En el caso de los camarones, ellos desovan en la plataforma continental y las larvas migran hacia los manglares, donde permanecen hasta etapas preadultas, para retornar nuevamente mar afuera.

En febrero de este año, el presidente Varela sancionó la Ley 39 que protege los humedales a lo largo de la bahía de Panamá. Sin embargo, siguen ingresando a lugares próximos de los manglares de Juan Díaz camiones con desperdicios de proyectos de construcción para ser depositados. En la zona de amortiguamiento de estos manglares hay cerca de 20 proyectos entre edificios, rellenos y canchas de golf. Los moradores de Juan Díaz han señalado que los proyectos inmobiliarios, en torno al corredor, Sur han producido inundaciones de sus residencias.

La falta de guardaparques en las áreas costeras ha provocado que se desarrollen próximos a los manglares pescas con redes de arrastre, actividad que está prohibida en estos lugares. Además que, en las playas próximas a humedales, se dan extracciones de arena, esto a pesar que la ley lo tipifica como un delito.

La laguna Matusagaratí se encuentra en la provincia de Darién, distrito de Pinogana, en la ribera este del río Tuira. Con una superficie de 49 000 249 hectáreas, es la laguna más grande e importante que tiene el país. En vista de que es un lugar de desove y criadero de especies marinas, terrestres y de aves, nuestros aborígenes la llamaron sabiamente ‘Matusagaratí ‘, que quiere decir en lengua guna ‘Lugar de abundancia de comida, rodeado de agua ‘.

Este humedal fue absurdamente comprado por un empresario agrícola, que ha estado desaguando por más de seis años la laguna. Su desagüe está impidiendo que deje de actuar como un filtro natural que alimenta a los ríos subterráneos. Este crimen ecológico ha sido ejecutado por una empresa que consiguió miles de hectáreas del humedal. El humedal Matusagaratí es el corazón de la cuenca del Tuira, por lo que debe recuperarse y cerrarse los canales que drenan la laguna. Esta reserva ecológica debe pasar a manos del Estado y ser declarado humedal protegido por ley.

CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.

Renovación de los Centros Regionales

Eduardo Flores Castro

Los Centros Regionales de la Universidad de Panamá tienen una importancia crucial para el país. Con su creación se iniciaron los primeros estudios superiores provinciales y locales. Muchos profesionales han egresado de sus aulas y valiosos aportes han dado a la evolución de las comunidades. Sin embargo, es necesario renovar el modelo de gestión académica y administrativa de los Centros Regionales, de las Extensiones y de los Programas Anexos, así como conferirles más autonomía, y dotarlos de los recursos y equipos necesarios, con la finalidad de elevar el nivel académico.

La elaboración y ejecución de planes de desarrollo universitario regionales, como parte de un plan nacional, es un clamor de los docentes, estudiantes y administrativos. De la acción coyuntural hay que pasar a una visión planificada de largo plazo, cuyo horizonte puede ser el centenario de nuestra universidad. Pero estos planes estratégicos regionales deben surgir del debate colectivo de cada unidad académica, con los sectores productivos y las autoridades de las regiones en las que están inmersas. Debemos sustituir el cortoplacismo por la visión a largo plazo, y las directrices desde arriba, por la formulación construida desde las bases universitarias.

La renovación del modelo de la universidad regional ha de partir de un diagnóstico integral que considere nuestras fortalezas, nuestras debilidades, nuestras actuales ofertas académicas, las demandas insatisfechas de estudios regionales, nuevas modalidades formativas, nuevos perfiles de egresados, demandas de investigación, infraestructuras y equipos, nivel presupuestario, vínculos con la sociedad y la internacionalización.

Merece especial atención el resolver los problemas que viven los docentes, administrativos y estudiantes, la escasa apertura de concursos a cátedra, el bajo porcentaje de profesores de tiempo completo y el abultamiento de horas no remuneradas a los profesores de tiempo parcial. Además, hay que garantizar el derecho a la estabilidad, salvaguardar la dignidad y los méritos de los profesores, debemos adoptar programas permanentes de concursos regulares y de concursos para administrativos, transformar las infraestructuras y los servicios, asegurar la total libertad de disentir y de pensamiento. Al igual que ofrecer a los docentes todas las facilidades para participar en programas de perfeccionamiento, especialidades, maestrías y doctorados, según las necesidades regionales.

Hay que ampliar y hacer efectiva la descentralización de los Centros Regionales Universitarios, como la vía para su constante transformación. Esto implica estructurar un modelo de conducción basada en propuestas colectivas, búsqueda de consensos y renovación periódica de sus visiones. Con ayuda de la tecnología debe descentralizarse la información y los servicios. La Junta de Centro Regional debe ejercer la función de fiscalizar el uso de los recursos presupuestarios asignados y de autogestión. La administración descentralizada exige una completa transparencia y una real rendición de cuentas. La evaluación, pertinencia, equidad y la participación democrática deben sostener la nueva cultura universitaria.

El proceso renovador que deben experimentar los Centros Regionales involucra superar el enclaustramiento y convertirlos en espacios para el estudio, la investigación y el diseño de propuestas que den solución a los problemas regionales y nacionales, tanto de las comunidades como de los sectores productivos. Los Centros Regionales debe ser oasis de cultura, academia y ciencia para la comunidad a la que se deben; además de ser modelo de desarrollo ambiental sostenible y espacios de vida saludables.

Esta misión es insoslayable para toda universidad regional moderna.

CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.

La importancia de los humedales

importanciahumedalesEduardo Flores Castro
Catedrático de la Universidad de Panamá

La función de los humedales como pozos de sedimentos, se debe a que las partículas de los suelos por estar cargadas eléctricamente retienen sustancias disueltas en el agua con cargas opuestas; este es el caso de remoción de fosfatos. Sin embargo, una de las funciones más importante de los humedales es su dinámica biológica entre microorganismos y plantas. Este mecanismo, remueve del agua el nitrógeno de sus formas amonio y nitratos a través del proceso microbiano de desnitrificación, evitando así la hipoxia (falta del oxígeno en el agua).

El incremento del bióxido de carbono atmosférico resulta de la quema de combustibles fósiles, incendios forestales, y degradación de los humedales. Es importante que el bióxido de carbono en lugar de estar contaminando el ambiente y calentando el planeta a través del efecto invernadero, sea retenido. Una función importante de los humedales es la regulación en el ciclo del carbono. A pesar que los humedales representan el 3 % de toda la superficie terrestre, guardan el 40 % del carbono generado en el planeta, evitando así la emisión de millones de toneladas de bióxido de carbono a la atmósfera. Los humedales capturan 12 veces más bióxido de carbono que las selvas.

En los humedales, el almacenamiento de carbono no sólo se da en la parte aérea y radicular de las plantas, sino también en el suelo. Cuando los residuos de la vegetación del humedal caen al suelo, el material vegetal se acumula y se forma una capa muy rica en materia orgánica. Parte de los residuos orgánicos de las plantas se degrada y otra porción permanece sin descomponerse debido a las condiciones de inundación del terreno, por lo que el material vegetal se incorpora al suelo como material orgánico no descompuesto. El almacenamiento de carbono de los suelos de humedales es uno de los principales servicios ambientales que dichos ecosistemas proveen.

En suelos de manglares se han reportado de 9 kg/cm2 a 90 kg/cm2 de carbono retenido, evitando así su liberación a la atmósfera. De aquí que los suelos de manglares pueden ser considerados como sumideros de carbono. Por lo que el cambio de uso de suelo implica la liberación del carbono hacia la atmósfera, contribuyendo al calentamiento global.

El vínculo entre el agua, la alimentación y la energía es una de las relaciones fundamentales para la sociedad. El ciclo del agua depende en gran medida de los humedales. Sin ellos el ciclo del carbono y de los nutrientes se vería significativamente alterado. De aquí que los humedales forman parte de la solución a la seguridad del agua.

En algunos lugares, los humedales son drenados por ser considerados zonas pantanosas improductivas que albergan cocodrilos e insectos, pero estas acciones obedecen al desconocimiento del gran valor ecológico que estos ecosistemas desarrollan. Las principales actividades antropogénicas que han dado pie a la pérdida de humedales son la tala excesiva, la contaminación y el cambio de uso del suelo. Entre los cambios de uso del suelo destaca, el relleno de humedales para transformarlos en potreros, para el desarrollo agrícola y por la expansión irresponsable del urbanismo.

A pesar del valor de los humedales y de algunas legislaciones para su protección, continúa su destrucción y degradación. Esto provoca una gran pérdida, pues figuran entre los ecosistemas más ricos en diversidad biológica del planeta, ya que constituyen el hábitat fundamental de numerosas especies. Pero la pérdida de los humedales cuesta mucho más; supone la desaparición de recursos o procesos de ecosistemas naturales que benefician a los seres humanos. Los humedales continentales previenen las inundaciones, porque absorben el exceso de lluvia, y abastecen a los acuíferos de agua en época seca. Constituye también una zona de reproducción de enormes cantidades de especies de peces, crustáceos y moluscos, de gran importancia económica.

Son fundamentales para el desarrollo humano sostenible, y lo que es más importante, para la seguridad del agua. Por ende, los humedales forman parte de la solución para la preservación del agua. Debido a los múltiples servicios que ofrecen, forman parte integral del manejo del agua y deben ser tratados como una economía verde que utilice eficientemente los recursos naturales.

Es necesario que todas las partes y los actores involucrados, desde los usuarios del agua en las comunidades, las empresas y los gobiernos, adopten medidas para aprovechar de forma sostenible las oportunidades y los beneficios derivados de los humedales, y ser consciente de las consecuencias de la continua pérdida y degradación de estos ecosistemas.

Las tierras de Ciencias Agropecuarias

Dr. Eduardo Flores Castro
Catedrático de la Universidad de Panamá

Como docente de la Universidad de Panamá expreso mi mayor solidaridad con el justo reclamo de los estudiantes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, quienes exigen la pronta adquisición de tierras aptas para la docencia, la investigación y sus prácticas académicas. El gobierno nacional y las altas autoridades universitarias tienen el deber de dar inmediata solución a esta justa demanda, con una finca que reúnan las condiciones y con un proceso de absoluta transparencia.

Resulta inaceptable el daño irreparable que se le ha hecho a la formación de los profesionales de las ciencias agropecuarias, a causa de la ineficiente administración de las autoridades universitarias. Hasta el 2012, se contaba con la Granja Universitaria de Tocumen de unas 300 hectáreas con equipos, animales y cultivos que aseguraban la calidad educativa. Sin ninguna previsión este centro especializado se clausuró por su venta, quedando los estudiantes sin esta imprescindible área de enseñanza experimental. No está demás señalar, que la carrera de Producción Animal, que hacía sus prácticas en estos terrenos, era la única carrera que contaba con reconocimiento internacional.

El Consejo Administrativo de la Universidad de Panamá aprobó, en el 2012, vender por 109 millones de dólares, estas tierras para una proyectada ampliación del Aeropuerto de Tocumen. El rector ha señalado, en reiteradas ocasiones, que fueron forzados a proceder con la venta. Sin embargo, nadie recuerda que como respuesta a la presión del Órgano Ejecutivo, las autoridades hayan concitado a la comunidad universitaria a defender el patrimonio y la autonomía de la Universidad de Panamá. Estoy seguro que si hubieran hecho el llamado, todos los universitarios y la sociedad habríamos dado nuestro respaldo a la defensa de nuestro patrimonio.

Si era inevitable la venta de ese valioso patrimonio, entonces la elemental gestión administrativa debió condicionar la venta, a que sólo se saldría de estos predios, cuando estuviesen garantizadas tierras con igual o mejores condiciones, de manera que no afectara la continuidad de la calidad formativa de los estudiantes.

Esta deplorable situación de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, debe servir para debatir sobre la pérdida del patrimonio de la institución. Debemos alertar que terrenos importantes en Tocumen, han sido alquiladas, por las autoridades universitarias, a una empresa por una suma irrisoria de dinero y por un plazo irracional de tiempo. Además, en Río Hato también se vendieron varias decenas de hectáreas por una suma mínima, cuando ya se sabía que estos terrenos aumentarían su valor muy rápidamente.

Considero que es pertinente establecer una norma legal que exija la realización de un referendo universitario, para autorizar a las autoridades y los órganos de gobierno universitarios vender el patrimonio en tierras, acumulado por años.

Sin embargo, en este momento lo prioritario es resolver el problema de nuestros estudiantes que no cuentan con terrenos para su formación académica, que producto de una administración central irresponsable, les ha cercenado este derecho.

Es lamentable que esta afectación a la formación académica, añada un aspecto más a la crisis del sector agropecuario; cuando nuestra universidad debería estar dictando pautas para el diseño de un plan estratégico de reconversión agropecuaria que asegure la soberanía alimentaria de nuestro país.

Crisis del modelo de gestión en la Universidad

Dr. Eduardo Flores Castro
Catedrático de la Universidad de Panamá

Es lamentable que la Universidad de Panamá esté sumergida en la más severa crisis estructural de sus 80 años de existencia. Esta crisis tiene su cruda expresión en el aislamiento nacional y social de su administración central, encabezada por el rector. Es un hecho sin precedentes, que diversos sectores sociales y gubernamentales reclaman una investigación imparcial y exhaustiva de la gestión del actual rector.

La Universidad desde su fundación ha tenido enemigos históricos, que no admiten el carácter popular y la autonomía especial que goza desde su consagración en la Constitución Política de 1946, y que sucesivas generaciones hemos salvaguardado. Pero lo que no es correcto ni aceptable, es utilizar la autonomía como escudo, para evitar que se realicen las investigaciones o para no cumplir los fallos de nuestro sistema judicial. Hacer esto, es poner en peligro la institucionalidad de nuestra Primera Casa de Estudios.

Más allá de la persona del rector, estamos ante el agotamiento de un modelo de gestión universitaria, excesivamente personalista, centralista, reeleccionista, clientelista, enclaustrada y aislada; sin efectiva transparencia y sin una real rendición de cuentas. Este modelo, impide el desarrollo de las inmensas capacidades académicas de nuestra universidad y el aporte que debe darle al país. En contrapartida, urge una renovación total que desarrolle un proyecto de universidad democrática, participativa, con absoluta libertad de expresión, con calidad y pertinencia social, y sobre todo que refuerce la autonomía mediante una efectiva transparencia y rendición social de cuentas.

La reelección institucionalizada desde 1994 le ha hecho daños irreparables a la Universidad, pues ha impedido el relevo y la alternabilidad en los altos cargos, ha politizado la vida universitaria, subordinando lo académico al afán obsesivo reeleccionista. Ha arraigado un repudiable clientelismo ajeno a la naturaleza académica y ha degradado la democracia interna convirtiendo las elecciones en competencias desiguales y antidemocráticas.

Se ha prohijado un régimen autoritario donde no hay democracia participativa y garantías para el ejercicio de la libertad de disentir. Los docentes, administrativos y estudiantes convivimos en un ambiente de temor generalizado. Inclusive el actual sistema de evaluación del desempeño docente es un instrumento punitivo que amenaza la estabilidad y no contribuye en lo absoluto al logro de la excelencia de académica. Hoy es necesario rescatar la libertad de disentir y el estado de derecho en la Universidad. Que nadie sea perseguido por sus preferencias electorales o por críticas a las autoridades.

La peor defensa que se hace de la autonomía universitaria es propiciar la desvinculación y la pérdida de autoridad ante la sociedad o dejar dudas sobre la transparencia e integridad; por lo contrario, la deslegitima desde adentro. La moderna autonomía de las universidades estatales se defiende cuando comprendamos que la sociedad demanda el compromiso de ser conciencia crítica y propositiva, asumamos un papel participativo en la vida nacional y mejoremos nuestra pertinencia social académica.

Debemos advertir que las consecuencias que gravitan sobre la Universidad son mayormente responsabilidad del rector. La comunidad universitaria y nacional claman por una rectificación, entendiendo que la institución está por encima de los intereses de las personas que la dirigen, que al final son transitorias.

Tiempo de preservar los humedales

humedales
Dr. Eduardo Flores Castro
Catedrático de la Universidad de Panamá

Un humedal es una zona de transición entre los sistemas acuáticos y terrestres, cuya superficie natural o artificial está inundada de forma permanente o temporal. Cuando la inundación es temporal, debe prolongarse lo suficiente para que permita el desarrollo de suelos híbridos y vegetación acuática. Así, los humedales pueden ser de agua estacionada o corrientes, igual que de agua dulce, salobre o salada. El área cubierta de agua favorece un ecosistema híbrido entre los puramente acuáticos y los terrestres, en el que se desarrolla una constante interrelación con los seres vivos que la habitan.

El carácter distintivo de los humedales está en su escasa profundidad del nivel freático. Las condiciones especiales de ese entorno hacen posible que la fauna sea endémica y diferenciada de las zonas adyacentes. La categoría de humedal comprende áreas de propiedades diversas:

1. Marinas: afectadas por caudales fluviales, como arrecifes de coral y litorales.
2. Ribereñas: tierras inundables por el desbordamiento de los ríos, como bosques anegados y lagos de meandro.
3. Estuarios: desembocaduras de los ríos al mar, en donde el agua alcanza una salinidad media, como deltas y bancos fangosos.
4. Lacustres: cubiertas permanentemente de agua con baja circulación, como lagos de volcanes y lagunas en general.
5. Palustres: ecosistemas que contienen casi permanentemente agua, con plantas herbáceas, como pantanos y ciénagas.
6. Manglares: zonas inundadas y con árboles muy tolerantes a la salinidad, por lo general, cercanos a las desembocaduras de cursos de agua dulce, en costas de latitudes tropicales y subtropicales.

La Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional, en especial, como hábitat de aves acuáticas, conocida en forma abreviada como Convenio Ramsar, fue firmada en la ciudad de Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971. De aquí que se haya escogido esa fecha como El Día Mundial de los Humedales.

Su principal objetivo es la conservación y el uso racional de los humedales por medio de acciones locales y que, gracias a la cooperación internacional, se logre un desarrollo sostenible. En la actualidad, 168 países se han sumado a dicho acuerdo para proteger 2 mil 193 humedales, que suman una superficie total de 2,1 millón de km2. Cada tres años, los países miembros se reúnen para evaluar los progresos y compartir conocimientos y experiencias.

Los humedales son filtradores naturales de agua gracias a las plantas hidrófitas (acuáticas), cuyos tejidos almacenan y liberan líquido. Mientras que los manglares sirven de protección natural contra las marejadas, las tormentas y las olas que generan los huracanes e incluso, por efectos de los maremotos. También previenen la erosión de las costas y la llegada de agua salada; se adaptan al aumento del nivel del mar y regulan el clima.

En el caso de los humedales, estos son el hábitat y refugio para una variedad de fauna acuática, terrestre y aves. En vista de que los peces, mamíferos acuáticos y aves son capaces de migrar grandes distancias, la destrucción o degradación de los humedales de un país determinado puede tener impactos directos sobre los recursos biológicos de otros países.

En ellos se obtiene materia prima para la construcción y proporcionan recursos alimenticios, medicinales y ornamentales. Todo esto es el resultado de los procesos químicos y biológicos que en ellos se desarrollan.

Además de su belleza escénica, de jugar un papel recreativo y educativo; regulan procesos ecológicos esenciales para la vida como los ciclos hidrológicos y de carbono, y mejoran la calidad del agua, por lo que se les considera como “los riñones de la tierra”. Esta capacidad se explica por ser zonas de transición entre los sistemas acuáticos y terrestres, de forma que el agua que pasa por los humedales experimentan un proceso de sedimentación y adsorción, así como cambios biológicos en los que intervienen microorganismos y plantas, antes de llegar a los cuerpos de agua.

Los 80 años de la Universidad de Panamá y la academia

Eduardo Flores Castro

Los ochenta años de la Universidad de Panamá deben convocar a un proceso de reflexión sobre su situación actual y los nuevos horizontes de renovación que exige la nación. El repensar sobre sí misma incluye sus componentes, sus estamentos, su papel histórico y el que le toca jugar en estos tiempos. Es oportuno, faltando 20 años para convertirnos en una universidad centenaria, abordar la problemática de los docentes, al igual que sus expectativas inmediatas y futuras.

Pese a que en la Ley Orgánica y el Estatuto se instituye la Carrera Académica, hasta la fecha no ha sido reglamentada. Urge su materialización concebido y ejecutado como un sistema de administración para el desarrollo del profesor universitario, que asegure sus derechos y el cumplimiento de sus deberes. Este sistema debe regular con certeza jurídica lo relativo al ingreso, permanencia y egreso, basado exclusivamente en méritos académicos y eliminando las discrecionalidades de las autoridades y cualquier forma de clientelismo.

A falta de una carrera académica, se ha venido aplicando una serie de reglamentos desactualizados e inconexos. Tales son los casos de los reglamentos de Banco de Datos y de Evaluación del Desempeño del Docente. Estos requieren una nueva formulación, porque el primero determina el reclutamiento de los nuevos profesores que requiere la Universidad del siglo XXI; y el segundo hay que despojarlo de su esencia punitiva y dotarlo de objetivos que conduzcan al logro de la excelencia académica. Esta nueva definición reglamentaria debe ser el resultado de la participación y evaluación de los propios docentes.

Se deben establecer políticas y programas de perfeccionamiento permanente del docente, que complementen su formación académica, didáctica y el uso de la tecnología de la información. Es necesario ofrecer programas de doctorados para los profesores o ponerles a disposición estudios en universidades internacionales. Para lo cual hay que ofrecer becas, reducción de costos, licencias y descargas horarias. No es posible que le pidamos a nuestros docentes que obtengan doctorados y al mismo tiempo tengan que cumplir con una carga docente normal.

En nuestra universidad es obligante revisar la escala de remuneración docente, pues desde hace más de 30 años no se ha hecho ninguna modificación al ajuste bianual, de suerte que corresponda con las exigencias del desempeño. Esta revisión debe incluir, entre otros, el salario básico inicial en cada categoría y la reducción del tiempo para los ascensos, sobre todo en aquellos casos en que el docente ya posee los años de servicios, previo al concurso a cátedra.

El otorgamiento del tiempo completo no puede seguir siendo una atribución discrecional del rector. Debe establecerse un reglamento para otorgar la dedicación de tiempo completo, considerando las necesidades de los Departamentos o las Coordinaciones de Facultad, los méritos y tiempo de labor de los aspirantes. El profesor especial con dedicación de tiempo completo, al ganar un concurso de una posición regular, deberá otorgársele esa misma dedicación en la categoría de regular de forma automática. No como ocurre hoy, pues son conocidos varios casos en donde docentes que eran tiempo completo, y después de ganar un concurso a cátedra, no se les ha mantenido esta condición por motivos políticos.

El rol de los profesores especiales tiene que ser justamente valorado. Hay ejecutorias y comisiones que no deben estar reservadas exclusivamente a profesores regulares; pues, según los méritos y la antigüedad, los docentes especiales pueden participar igualmente. Hay que corregir la deficiencia administrativa del pago atrasado de los ajustes bianuales y la llamada equiparación a los profesores de tiempo parcial. También hay que eliminar la ilegal práctica de asignarles más horas a los profesores parciales, de las que se les pueden pagar, porque esto implica una explotación laboral por parte de la institución. Se requiere un plan permanente de apertura anual de concursos a profesores regulares, de tal manera que descartemos la práctica de abrir una plaza por departamento, lo cual provoca rivalidades innecesarias entre colegas.

La estabilidad del docente universitario debe imperar sobre las prácticas clientelistas y arbitrarias, como es el caso del temor a represalias por discrepar con las autoridades. Es preciso erradicar la práctica nociva de ser aislado o perseguido por tener una opinión diferente a la de las autoridades y por apoyar una opción electoral diferente. Sin la absoluta libertad a disentir y el ejercicio pleno de la democracia, no hay estabilidad laboral y es prácticamente imposible hacer universidad.

CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.