Ciencia y tecnología en Panamá

Dr. Eduardo Flores Castro
Catedrático de la Universidad de Panamá

En el siglo XIX se afirmó que el papel de la Ciencia en el siglo XX sería el de agregar algunas cifras decimales a las constantes fundamentales de la naturaleza. Sin embargo, el siglo XX fue un siglo de rupturas epistemológicas en campos como la relatividad, los fenómenos del micromundo, la estructura del ADN, el invento de los semiconductores y sus aplicaciones a las computadoras.

Primeros pasos en el Desarrollo Científico-Técnico

La investigación en Ciencia y Tecnología en Latinoamérica es un hecho de hace tan sólo cien años. Durante el período colonial era más fácil encontrar investigación científica en las expediciones que en las universidades.

Para la construcción del Ferrocarril Transístmico y posteriormente del Canal de Panamá, se utilizaron avances científicos, sin embargo, su impacto en el campo tecnológico y científico a la nación fue pobre. Fue a partir de la fundación de la Universidad de Panamá, en 1935, donde se dieron los primeros pasos del desarrollo científico-técnico.

Hombres como el Dr. Bernardo Lombardo jugaron un papel clave al desarrollo de la Ciencia y la Tecnología. Él introdujo el uso de la computadora como herramienta para la investigación y la administración de la enseñanza; las nuevas tecnologías audiovisuales como el circuito cerrado de televisión; el uso de las radiaciones ionizantes para la preservación de alimentos; la física nuclear y sus aplicaciones a la medicina.

La sustitución de importaciones que produjo el tratado Remón-Eisenhower (1955), trajo consigo la ampliación del mercado interno, resultando que de 159 establecimientos dedicados a la industria manufacturera en 1950, se pasara a 327 en 1957. A fines de los sesenta se elaboró la Estrategia Nacional de Desarrollo para la Década 70-80, que introdujo algunos elementos tecnológicos al país como lo fueron los proyectos de electrificación, comunicación, agroindustria y cementeras. Sin embargo, en ninguna de las ocasiones señaladas se incluyó de forma sistémica la componente relacionada con la política a seguir en Ciencia y Tecnología.

Recursos Humanos

Estudios recientes han revelado que la desigualdad científica de Latinoamérica, respecto a otras regiones, es aún más marcada que la desigualdad económica. Nuestra región con 600 millones de habitantes cuenta con alrededor de 105 mil científicos. De estas cifras proyectadas en Panamá resulta que, en promedio, tenemos cerca de 630 científicos en todas las áreas del saber científico y tecnológico, de los cuales menos de un cuarto se dedican a la investigación. En la región, el mayor porcentaje de científicos se encuentra vinculado a las universidades estatales, que son la columna vertebral del sistema de investigación científica.

Uno de los factores que ha impedido el desarrollo de la capacidad científica en nuestros países es que el empleador casi único de los científicos, ha sido el Estado. Por otro lado, en nuestra industria prácticamente no existen Departamentos de Investigación, Desarrollo e Innovación.

Infraestructura Institucional

El mejor ejemplo Latinoamericano de organización institucional en Ciencia y Tecnología es el cubano. Uno de los esquemas exitosos implementados en Cuba es el de sectorizar el país en 15 polos de desarrollo. Esto contrasta, con otros países que tienen estructuras científicas educativas atrofiadas y centralistas.

La creación de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, en Panamá, fue un avance gubernamental para el apoyo a estas actividades. Sin embargo, en algunas ocasiones se pierde de vista que su función es la de ser facilitadora de la Ciencia y la Tecnología y no administradora ni ejecutora de ella.

Los recursos disponibles para el desarrollo de Ciencia y Tecnología en nuestros países constituyen un factor crítico. Estos recursos están muy por debajo de los valores correspondientes a los países industrializados. El Gasto Nacional en Investigación y Desarrollo en Panamá, es del orden del 0,20 % del PIB. Todo indica que para que la Ciencia y la Tecnología tenga impacto en la sociedad se requiere invertir al menos 1,0 % PIB en estas actividades. No está demás señalar que la política de dar incentivos fiscales a las empresas que hagan inversión en Investigación y Desarrollo, ha dado buenos resultados en países como Costa Rica.

En términos generales, la Ciencia y la Tecnología han producido un incremento en los índices globales de alfabetización y en la expectativa de vida, que junto a la producción de riqueza, definen el índice de Desarrollo Humano. No hay estrategia posible para un progreso armónico de la sociedad que no contenga un mejoramiento de la educación y un incremento de la investigación científica y técnica.

Evaluación de docentes universitarios

Eduardo Flores Castro
Catedrático de la Universidad de Panamá

Recientemente la Universidad de Panamá aprobó un nuevo reglamento para su Sistema de Evaluación de los Profesores, el cual derogó la anterior reglamentación. Parto del principio que es necesaria la evaluación permanente del desempeño a fin de la mejora continua del ejercicio de la docencia, lo que es imprescindible para contar con egresados preparados para enfrentar las demandas de este siglo y la consecuente acreditación universitaria.

La primera observación es que dicho reglamento no define los objetivos del sistema de evaluación. Sin objetivos hay desorientación y se carece de metas. Una evaluación docente debe tener fines académicos y didácticos precisos, tal como las buenas prácticas de la docencia y la identificación de las debilidades, lo que daría una base para programas de perfeccionamiento para la mejora continua de la docencia.

El comentado reglamento es un instrumento disciplinario, cargado de sanciones que van desde la amonestación escrita y perdida de la condición de tiempo completo hasta la suspensión laboral y la destitución. Esta materia es parte del reglamento disciplinario que ya existe y que debe ser actualizado, pero no de un sistema de evaluación de los docentes. Según nuestro criterio, este reglamento atenta contra la estabilidad del personal académico.

Lo que realmente corresponde es crear la carrera académica que exija el cumplimiento de deberes, pero garantice derechos. En donde la evaluación del desempeño de los profesores sería uno de los componentes que regularía la carrera académica, mandatada por el Estatuto y nuestra Ley.

Este reglamento es disciplinario y no de evaluación académica, ya que contempla solo aspectos cuantitativos para supuestamente evaluar la labor docente, y deja a un lado factores cualitativos. Los cursos de perfeccionamiento son vistos como castigo para el que sale mal evaluado, en vez de ser parte de una política académica de actualización constante.

Los incentivos al docente bien evaluado son insignificantes e irrealizables, y están redactados en términos de probabilidad “tendrá preferencia”, “de acuerdo con la realidad financiera de la institución”. Por tanto, el único incentivo real podría ser, que una buena evaluación solo servirá para que no pretendan atentar contra la estabilidad del profesor.

No nos parece correcto que este reglamento no se aplique a las altas autoridades y otros altos funcionarios, exonerándolos de las funciones de investigación, extensión, producción y servicios. El Sistema de Evaluación por Resultados debería ser eso mismos: “Un Sistema”, en donde todos los elementos del proceso deben ser evaluados y no solamente el último eslabón de la cadena que es el profesor.

El carácter punitivo de este reglamento, tiene el riesgo que pueda ser utilizado como un instrumento de persecución política y no para mejorar las actividades académica de la institución. Por consiguiente, hacemos un llamado a todos los profesores y a las autoridades conscientes del Consejo Académico que rechacemos su aplicación y exijamos su reevaluación.

La Universidad de Panamá y la Identidad Nacional

Por: Eduardo Flores Castro

ANTECEDENTES

En 1903, la Junta de Gobierno de la nueva República, a diferencia del gobierno colombiano, supo buscar en la educación la fuerza que debía afianzar la incipiente nación. Bajo esta premisa, se crean la Secretaría de Instrucción Pública, e instituciones de enseñanza como el Instituto Nacional, el Artes y Oficios, la Escuela Profesional, la Escuela de Música y Declamación, entre otras.

Con el firme propósito que los docentes y estudiantes del nuevo Estado tuvieran una sólida formación académica, se contrataron algunos profesores alemanes para ejercer la docencia. Entre los primeros contratados podemos mencionar a Richard Newmann. También se enviaron al exterior a estudiantes becados, entre los que se encontraba Fermín Naudeau, quien fue enviado a Chile a estudiar matemática.

El Dr. Belisario Porras, crea el Curso Profesional de Matemática en 1913, con el propósito de preparar personal docente para la enseñanza a nivel medio. Esta fue la semilla de la actual Universidad de Panamá.

A partir del año 1918, se crearon cuatro instituciones académicas de nivel superior que constituyeron la segunda etapa de gestación de la Universidad de Panamá. En este año, bajo la presidencia del Dr. Ramón Valdés, se creó la Escuela Nacional de Derecho, cuyos objetivos eran la formación de abogados, y la carrera a nivel superior en Ciencias Sociales.

En 1920, se creó la Escuela de Farmacia, con el interés de preparar los profesionales que atendieran la demanda del suministro y control de los medicamentos y alimentos. Posteriormente se estableció la Escuela de Agrimensura, y en 1933, bajo la presidencia del Dr. Harmodio Arias, se crea el Instituto Pedagógico y la Facultad de Educación.

CREACIÓN DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE PANAMÁ

La acumulación académica de las tres primeras décadas de República, constituyeron el núcleo de cristalización para la gestación de la Universidad de Panamá. En 1935, el presidente de la República, el Dr. Harmodio Arias Madrid y el Dr. Octavio Méndez Pereira, junto a un equipo de ilustres panameños, crean la Universidad Nacional de Panamá.

A falta de estructura física para albergar a la Universidad, inicia labores en el Instituto Nacional en turno nocturno. La universidad nocturna permitió dotar al país del personal docente que hiciera de nuestra educación media, la mejor de Centroamérica, y además, mejoró la preparación del personal requerido por el Estado y las empresas privadas.

A partir de 1940, el avance del fascismo alemán iba postrando a casi toda Europa. Los países se sentían amenazados y Panamá con su Universidad Nacional, no era la excepción. Bajo este clima, el gobierno del presidente Ricardo De la Guardia separa de sus cátedras a cuatro profesores alemanes: al Dr. Erich Graetz, profesor de Biología y Decano de la Facultad de Ciencias; al Dr. Lawrence Malowan, profesor de Farmacia y Jefe del Departamento de Química; al Dr. Richard Behrendt, profesor de Ciencias Sociales y Economía, y Decano de la Facultad del mismo nombre; y al Dr. Werner Bohnstedt, profesor de estadística y geografía económica. Ellos habían asistido al Rector, Dr. Octavio Méndez Pereira, al inicio de la Universidad y contribuido enormemente a su desenvolvimiento.

Otro acontecimiento que afectó la vida universitaria en 1940, fue la contienda electoral y la elección del presidente de la República Dr. Arnulfo Arias Madrid, quien separó al Dr. Octavio Méndez Pereira de la rectoría de la Universidad. Tocó al Dr. José Dolores Moscote dirigir los destinos de la Universidad hasta el nombramiento del nuevo Rector.

LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA

En 1943, la Universidad se vio amenazada por la crisis generada por el presidente Ricardo De La Guardia, quien por una actitud de arrogancia, decide destituir al Dr. Felipe Juan Escobar de la cátedra de Derecho Procesal que ocupaba en la Facultad de Derecho. Esto provocó una huelga de los estudiantes universitarios, que amenazó con extenderse a ámbitos nacionales. Para bajar la tensión, el Presidente De La Guardia entregó a una comisión de profesores, un proyecto de Decreto de Estatuto Transitorio de la Universidad.

El proyecto de Estatuto fue revisado por Diógenes De La Rosa, mediador entre el gobierno y los estudiantes universitarios, y por los doctores José Dolores Moscote y Alejandro Tapia Escobar. Con las modificaciones introducidas por el Consejo General Universitario, el proyecto fue refrendado mediante el Decreto de Gabinete Nº 720 del 17 de noviembre de 1943. En él se instituyeron principios que aseguraban una independencia relativa de la Universidad con respecto al Poder Ejecutivo, referentes al escogimiento del Rector, a la selección de los profesores por concurso, su derecho a la cátedra y su estabilidad. Aunque no se alcanzó la autonomía, se dio un paso hacia esta apreciada meta.

En esta época, el Dr. Daniel Posin, quien había sido decano de la Facultad de Ciencias, regresa a los Estados Unidos. Es digno de mención, que al día siguiente del bombardeo atómico que realizó los Estados Unidos a Hiroshima y Nagasaki, en 1945, el Dr. Posin, profundamente abatido, escribe una carta desde el Instituto Tecnológico de Massachusetts, a su amigo Albert Einstein lamentando la masacre nuclear perpetrada contra Japón. En esta carta le pregunta:¿Qué cosa tenemos que hacer nosotros para que esto no vuelva a ocurrir?

LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, el Consejo General Universitario prosiguió con la discusión de un nuevo Estatuto y la búsqueda de la meta más anhelada: la Autonomía.

Las aspiraciones de los universitarios quedaron plasmadas en la Ley 48 de 20 de septiembre de 1946, mediante la cual la Asamblea Nacional de Diputados estableció que: “la universidad oficial se denominará Universidad de Panamá, hasta tanto las naciones americanas ratifiquen la convención referente a la Universidad Interamericana”. Adicionalmente estableció que la Universidad estaría inspirada en las doctrinas democráticas y que es una “institución organizada conforme al régimen de autonomía que le concede el artículo Nº 86 de la Constitución de la República”.

La Universidad de Panamá, en sus 78 años de existencia, ha entregado al país más de 200 mil profesionales en todos los campos del saber. A tal punto que es difícil encontrar una familia, en donde algunos de sus miembros no haya estudiado en ella.
Pero la universidad que creó Harmodio Arias es más que una escuela de educación superior, ha sido una atalaya de los problemas sociales del pueblo que la sustenta y, junto al Instituto Nacional, ha sido la vanguardia de las luchas nacionales. Además, ha posibilitado la participación organizada y el debate de todas las formas de pensamientos entre los diversos sectores que conforman nuestra nación.

LA JORNADA DE DICIEMBRE DE 1947

El acuerdo de 1942 entre los gobiernos de los Estados Unidos y Panamá sobre instalaciones de bases militares estadounidenses en territorio nacional, establecía que estas tierras serían devueltas un año después de la entrada en vigencia del tratado de paz que diera fin a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Estados Unidos mostró interés en mantener bases en su poder, más allá de esa fecha. Bajo la presidencia de Enrique Jiménez, en diciembre de 1947 se firmó el Convenio de Bases Filós-Hines que perpetuaba estas bases militares estadounidenses en el territorio nacional en tiempos de paz. En cuanto se conocieron los términos del Convenio, se dejaron sentir en Panamá los primeros síntomas de rechazo.

El 12 de diciembre de 1947, las organizaciones populares y la Federación de Estudiantes de Panamá acordaron realizar una marcha a la Asamblea Nacional, con el objetivo de demandar el rechazo del Convenio Filós-Hines. Los estudiantes y profesores de secundaria y universitarios encabezaron la protesta que partió del Instituto Nacional, lugar donde funcionaba la Universidad de Panamá en jornada nocturna. La manifestación fue reprimida por la policía y la caballería. Esta fue la primera vez en la historia de las represiones nacional, que la policía utiliza gases lacrimógenos contra manifestantes.

En esta manifestación, resultó gravemente herido el estudiante institutor Sebastián Tapia, quien recibió un impacto de bala en la columna vertebral que lo dejó paralítico de por vida. En todo el país se levantaron voces de rechazo al convenio, hasta que el día 22 de diciembre la Asamblea de Diputados lo rechazó por unanimidad, a pesar de que días antes había estado anuente a la ratificación. Sebastián Tapia considerado el primer héroe de la juventud panameña, fue proclamado en el Congreso de Juventud Latinoamericana de 1948, “Héroe de la Juventud Democrática de la América Latina”.

En esta gesta, a través de la Unión de Estudiantes Universitarios, participaron los jóvenes: Secundino Torres Gudiño, Carlos Iván Zúñiga, César A. Quintero, Ernesto Castillero Pimentel, Carlos Calzadilla, Manuel Solís Palma, y otros distinguidos estudiantes universitarios.

Fue la primera derrota política y militar de Washington en Panamá en los inicios de la Guerra Fría.

LOS HECHOS DE MAYO DE 1958

El 2 de mayo de 1958 se realizó la llamada “Operación Soberanía” que consistió en plantar 75 banderas panameñas en la Zona del Canal. Aunque el movimiento se llevó a cabo en forma pacífica, el Encargado de Negocios de los Estados Unidos protestó ante el Gobierno Nacional. Este acto fue coordinado por estudiante universitario Carlos Arellano Lennox (Presidente de la Unión de Estudiantes Universitarios) y los estudiantes Ricardo Ríos Torres y Julio Rovi entre otros.

Para 1958, el 38 % de la población en edad escolar no recibía educación y existía una alarmante falta de maestros y escuelas. Los estudiantes, padres de familia y profesores marcharon a la Presidencia de la República para presentarle un pliego de peticiones al presidente Ernesto De La Guardia. El mandatario no los recibió. El gobierno respondió que carecía del dinero para atender todos los puntos solicitados.

La Unión de Estudiantes Universitarios solicitó una reunión con el Presidente, pero una vez más éste se negó a recibirlos. Como respuesta, los estudiantes realizaron una gran manifestación que fue reprimida, resultando mortalmente herido el estudiante artesano José Manuel Araúz. La Unión de Estudiantes Universitarios y la Federación de Estudiantes de Panamá convocaron una huelga indefinida con el respaldo de sindicatos obreros.

El 22 de mayo, los estudiantes se desplazaron a distintos puntos de la capital y nuevamente se produjeron choques violentos con la Guardia Nacional, con el trágico saldo de más de una decena de muertos. En respuesta, el gobierno suspendió las garantías constitucionales.

Por mediación del rector de la Universidad de Panamá, Jaime De La Guardia (tío del presidente), los estudiantes refugiados en el Instituto Nacional fueron trasladados a la Universidad. Dentro de este ambiente, se llegó a la firma del llamado Pacto de la Colina. En donde se planteaba el compromiso del gobierno para dar cumplimiento a las aspiraciones de los estudiantes. Para esto, se crearían nuevos impuestos y se acordó el pago de indemnizaciones o compensaciones a las familias de los fallecidos y lesionados. También se estableció que los Comandantes de la Guardia Nacional serían nombrados y removidos por el Presidente de la República. El Pacto de la Colina puso fin a las protestas, pero de ninguna manera solucionó la crisis, ya que el Pacto no fue cumplido a cabalidad. Entre los estudiantes universitarios que dirigieron estos heroicos sucesos estaban: Andrés Cantillo, Blas Bloise, Nicolás Danello, Humberto Brugiatti, Ricardo Ríos Torres entre otros.

LA GESTA DE ENERO DE 1964

En enero de 1963, los presidentes de Panamá Roberto Chiari y de los Estados Unidos John F. Kennedy firmaron un acuerdo por el cual, a partir del 1 enero de 1964, la bandera panameña debía ser izada en todos los sitios públicos de la Zona del Canal, junto a la bandera estadounidense.

Los integrantes de Balboa High School dispusieron que preferían no izar la bandera de los Estados Unidos, si con ellos evitaban que la bandera de Panamá ondeara frente a su colegio. Pero al llegar la fecha, un grupo de estudiantes zoneítas, con la complacencia del director de escuela y sus padres, decidieron que su bandera no se arrearía y tampoco se subiría la panameña.

Para hacer cumplir el acuerdo, el 9 de enero de 1964, un grupo de 200 estudiantes del Instituto Nacional se encaminó, en forma pacífica, a la Escuela de Balboa con el propósito de enarbolar la enseña patria. La policía de la Zona permitió que seis institutores cantaran el himno nacional en frente a esta Escuela, pero ello provocó una reacción violenta por parte de los estudiantes zoneítas y sus padres, quienes agredieron a los institutores y desgarraron la enseña patria. Entre esos seis estudiantes se encontraba el hoy Dr. César Villarreal, Catedrático de Fisiología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Panamá.

Reprimidos por los policías zoneítas, los estudiantes se vieron obligados a retroceder a la ciudad donde otros ciudadanos se les unieron a fin de defender la dignidad de la Patria. Al intentar entrar en la Zona, fueron brutalmente reprimidos por la policía zoneita y el ejército estadounidense. Estos hechos produjeron decenas de muertos y cientos de heridos.

En la madrugada del 10 de enero de 1964, la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP) decidió convocar a una gran Asamblea General en el Paraninfo de la Universidad de Panamá. Esta Asamblea se reunió a las 9:30 de la mañana y de ella salió un manifiesto en donde en el primer punto de este documento se pedía al Presidente Chiari la ruptura de relaciones con los Estados Unidos. La manifestación de estudiantes que portaba el manifiesto fue encabezada por Víctor Ávila (Secretario General de la FEP), Honorio Quezada, Floyd Britton, Adolfo Ahumada, Cesar Arosemena, Simón Lypsic, Rolando Armuelles, Moisés Carrasquilla, Euribiades Herrera, Adán Castillo Galástica, José Hurtado, Luis Jiménez, Antonio Elvy, Sergio Pérez, Eligio Salas (Presidente de la UEU), Pedro Pereira, Federico Britton, y Ceferino Torres (Presidente de la UES). Vale destacar, que posteriormente, Eligio Salas posteriormente fue rector de la Universidad de Panamá y Víctor Ávila fue Catedrático de Historia en esta institución.

El 10 de enero, el Consejo General Universitario de la Universidad de Panamá, aprobó por unanimidad una resolución elaborada por los profesores Diógenes Arosemena, Carlos Iván Zúñiga, Erasmo Escobar, Ricardo Arias Calderón, Fabián Echevers, Ernesto Castillero Pimentel y Dulio Arroyo, donde: solicita al Gobierno que declare al país en estado de alerta para defender la soberanía, ordenar a la Guardia Nacional que asuma la defensa de la República, respalda al pueblo por la lucha que se realizaba en esos momentos en defensa de los altos intereses nacionales, apoyar plenamente al Gobierno Nacional en toda gestión dirigida a la defensa de todos los derechos soberanos de la República y expresa su respaldo a las denuncias presentadas ante el Consejo de Seguridad por la agresión sufrida. Además, demanda la nacionalización del Canal, denunciaba el Tratado de 1903 y los pactos complementarios, hacía una convocatoria de una conferencia mundial para establecer las bases de la neutralización del Canal y demandaba que se establezca relaciones diplomáticas con todos los países del mundo.

LAS MOVILIZACIONES DE DICIEMBRE DE 1967

En 1967, bajo la administración del Presidente Marcos Robles, se llevaron a cabo las negociaciones y la firma de los Proyectos de Tratados Robles-Johnson, también conocido como Tratados Tres en Uno. El primer documento abrogaba todos los anteriores tratados y establecía una administración conjunta del Canal de Panamá, que sería entregado a nuestro país el 31 de diciembre de 1999; el segundo documento establecía la construcción de un Canal a nivel por el Darién, que pasaría a manos panameñas en el año 2067; el tercer documento era un Tratado de defensa del Canal y su neutralidad.

Los sectores que adversaban los proyectos de tratados conformaron un grupo denominado Frente Unido Nacional, que reunía a personalidades como César Quintero y Bolivar Pedreschi, profesores de la Universidad de Panamá. En la Universidad, las acciones de repudio de los Tratados Tres en Uno fueron dirigidas por la Unión de Estudiantes Universitarios, presidida por el estudiante Adolfo Ahumada y por la Federación de Estudiantes de Panamá encabezada por el estudiante Luis Navas, hoy catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá. Bajo este ambiente de críticas y protestas, y con el decidido apoyo del profesor universitario y en aquel entonces diputado Carlos Iván Zúñiga, el 12 de diciembre de 1967, la Asamblea decidió no discutir estos Tratados. Posteriormente el Dr. Zúñiga fue Rector de la Universidad de Panamá.

EL GOLPE DE ESTADO DE 1968 Y LA INVASIÓN DE 1989

Desde los primeros días del golpe de estado de 1968, los universitarios alzaron su voz de repudio a la ruptura del orden constitucional, hecho que le costó a la Universidad su cierre durante 9 meses.

La Universidad, tras su reapertura, a través del Grupo Experimental de Cine Universitario, dirigido por Pedro Rivera, y de la Editorial Universitaria, desempeñó un importante papel en la promoción de la cultura y la identidad nacional. Además, fue un importante escenario del debate ideológico sobre la vida nacional y las negociaciones de los tratados Torrijos-Carter. Durante la época de los militares, con sus continuas e inquebrantables protestas al régimen, los universitarios contribuyeron a la apertura democrática del país.

De igual forma, después de la invasión de 1989, este centro académico es de los primeros en levantar su voz de protesta por este sangriento hecho y en pedir el retiro de las tropas invasoras. En la Universidad de Panamá, se reprodujeron y se distribuyeron las primeras volantes en donde se mostraban el genocidio perpetrado en El Chorrillo. Estas volantes fueron elaboradas y distribuidas por quien escribe este artículo. También fueron universitarios de esta institución, los que idearon y produjeron, durante 5 años, la revista Opinión Pública, que fue una de las pocas voces libres y valientes antes y después la ocupación del país por el ejército de los Estados Unidos, como consecuencia de la invasión del 20 de diciembre de 1989. El consejo editorial de esta revista estaba conformado por: Ricaurte Soler, Simeón González, Urania Ungo, Magela Cabrera, Briseida Allard, Ángela Alvarado, Marcos Gandásegui, Bernardo Fernández, Cesar Garrido, Enoch Adames, José Stoute, Rey Barría, Guillermo Franco y Eduardo Flores Castro.

A pesar del silencio de sus actuales autoridades, en la Universidad de Panamá, sigue latiendo el corazón de esos universitarios, que durante generaciones dieron sus mejores esfuerzos y capacidades por construir una nacional plenamente soberana y luchar contra las desigualdades.

¡Ay de los pueblos donde la juventud no habla,
no protesta,
no asume actitudes de rebeldía!

Octavio Méndez Pereira

BIBLIOGRAFÍA

1. Patricia Pizzurno y Celestino Andrés Arauz. Estudios sobre el Panamá republicano: 1903-1989. Manfer, S.A, Panamá, 1996.
2. Betty Brannan Jaen. Recuerdos de Balboa High School. La Prensa. Domingo 23 de mayo de 1999.
3. Carlos Iván Zúñiga. La Universidad de Panamá y su papel histórico. La Prensa, 12 de octubre de 2002.
4. Abdiel Adames, Egberto Agart, Bernardo Fernández, Juan José Gutiérrez y Eduardo Flores Castro. Ciencia Universidad y Nación. Imprenta Articsa. Panamá. 2003.
5. Celestino Andrés Arauz y Patricia Pizzurno. El 9 de enero de 1964. Editorial Panamamerica: Historia de Panamá. 2003.
6. Carlos Iván Zúñiga. Lucha del pueblo: El 12 de diciembre de 1947. La Prensa 17 de diciembre de 2005.
7. Ricardo Ríos Torres. La Épica de la Soberanía. Editorial Génesis. Panamá. 2013.
8. Adolfo Ahumada. La dirigencia universitaria y el 9 de enero. La Prensa, enero de 2014.

¿Por quién voy a votar?

Eduardo Flores Castro

El voto es un deber y un derecho. Se debe ejercer de forma secreta, de tal manera que nadie sepa por quién se votará. No es mi costumbre, pero por considerar lo especial de estas elecciones, haré público el candidato a la Presidencia que elegiré este 4 de mayo. Yo votaré:

Por el candidato que coloque a la educación como eje central de su plan de gobierno.

Por el que establezca una norma legal para que los gobiernos no puedan chantajear a las universidades del Estado a través del presupuesto que se les asigna, y que internalice que todos los problemas de una nación tienen solución a través en la educación.

Por el que construya en los barrios, en especial en los más humildes, centros de convivencia cultural para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Por el que valore la historia, como parte de nuestra identidad; que reinstaure la cátedra de “Historia de la Relaciones de Panamá con Estados Unidos” y que sea consciente de que no se puede amar a un país, si no se conoce su historia.

Por el que proponga proyectos para motivar a los jóvenes estudiar y deseche la deleznable práctica de entregar dinero o mercancías para ganar apoyo electoral.

Por el que no tolere la corrupción en ninguna de sus formas (coimas, sobrecostos, contrataciones directas, etc.) y que tenga una política exterior inteligente y seguidora de nuestra tradición de país conciliador de conflictos.

Por el que gestione integralmente el manejo de los desechos e instale plantas de tratamiento de las aguas servidas en todas las provincias, para que protejamos nuestros suelos y acuíferos. De manera que el país no se vea sumido en la insalubridad y aseguremos el crecimiento con sostenibilidad.

Por el que propicie una ley que prohíba la minería metálica a cielo abierto en todo el territorio nacional, y que comprenda que el 4% de las ganancias que generan las empresas mineras, jamás podrá reponer lo que perdemos en biodiversidad.

Por el que abandere la protección de los manglares, bosques y ríos, y que visualice que el suelo, el agua, la flora y la fauna son nuestros verdaderos tesoros.

Por el que no permita la venta y el acaparamiento de las costas, de forma que todo ciudadano tenga acceso, sin tener que caminar kilómetros para encontrar una servidumbre para llegar a la playa.

Por el que incentive y apoye la producción agropecuaria, garantice la seguridad alimentaria y establezca como política de Estado la promoción y prevención en salud. Que haga inversiones, pero que sea responsable con la deuda que deja a las generaciones futuras. Que tanto él como sus colaboradores respeten la Constitución, la separación de los poderes y la institucionalidad del Estado.

Por último, votaré por el candidato a la Presidencia cuyos seguidores más cercanos sean tolerantes, que respeten las diferentes formas de pensamiento y que combatan el autoritarismo y la corrupción en las instituciones a las que pertenezcan.

Ruptura de relaciones con los Estados Unidos

Eduardo Flores Castro / Catedrático de la Universidad de Panamá

La ruptura de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, como respuesta a la agresión del ejército estadounidense contra el pueblo panameño, en enero de 1964, la da a conocer públicamente el presidente Roberto Chiari al mediodía del 10 de enero. Pero, ¿cómo y de quién fue la idea de romper relaciones? He leído y escuchado varias versiones sobre este hecho, y lo más probable es que cada una de ellas contenga parte de la verdad.

El Dr. Eloy Benedetti señala que en la noche del 9 de enero de 1964, le entregó al presidente Chiari la nota que le había ordenado redactar el canciller Galileo Solís, en que rompíamos relaciones con los Estados Unidos. Lo que no nos dice el Dr. Benedetti es si el presidente Chiari le había dado instrucciones al canciller Solís de redactar dicho documento. Además, nos señala Benedetti, que cuando le entrega el documento al presidente, le impresionó el rostro adusto y severo de Chiari mientras lo leía, y que no le quedó la menor duda de que la decisión de romper relaciones diplomáticas ya la hubiera tomado con anterioridad.

El Licdo. Jorge Flores, en su ensayo “Cincuentenario de la Gesta Patriótica de enero de 1964”, nos señala que después de no ser atendida la demanda del presidente Chiari, de que las autoridades zonian detuvieran la agresión contra Panamá, a las 2:25 a.m. del 10 de enero, se le comunica al secretario de Estado de Estados Unidos Dean Rusk, en un cablegrama firmado por el ministro de Relaciones Exteriores Galileo Solís, después de una exposición de motivos y de calificar como injusta y despiadada agresión de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, lo siguiente: “cumplo con informar a vuestra excelencia, que debido a los sucesos a que antes me he referido, el Gobierno de Panamá considera rotas sus relaciones diplomáticas con su ilustrado Gobierno, y en consecuencia, ha impartido instrucciones a su Excelencia el Embajador Augusto Arango para que regrese cuanto antes a la Patria”.

En la madrugada del 10 de enero de 1964, la Federación de Estudiantes de Panamá decidió convocar a una gran asamblea general en el paraninfo universitario. De esta asamblea salió el manifiesto que en el primer punto solicitaba la ruptura de relaciones diplomáticas con el Gobierno de los Estados Unidos. Al llegar la marcha a la Presidencia y hacerle entrega del documento al presidente Chiari, este sale al balcón de la Presidencia y anuncia a la manifestación que abarrotaban las calles, la ruptura de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.

La noticia de la ruptura de relaciones la publica el diario panameño Star&Herald, en grandes titulares en su primera plana en la edición del 10 de enero de 1964. Entonces, ¿por qué si para la mañana del 10 de enero ya se conocía que Panamá había roto relaciones con los Estados Unidos, los universitarios insisten en este punto? Yo le hice esta pregunta al Dr. Adolfo Ahumada, dirigente estudiantil universitario de esta época, y me señaló: “El ministro Solís Palma nos había informado que existían fuertes presiones para que el presidente Chiari revocara la ruptura de relaciones, por lo que nuestra solicitud plasmada en la manifestación iba dirigida a que el presidente se mantuviera en esta decisión”.

Hace algunos años, tuve la oportunidad de conversar con Solís Palma (q.e.p.d.) sobre los hechos del 9 de enero de 1964, y le pregunté que como ministro de Educación de ese momento, cómo había sido el ambiente en la Presidencia. Él me respondió: “En el Gabinete prácticamente todos se oponían a la ruptura de las relaciones, su familia se oponía y los grupos de poder económico estaban presionando para que no lo hiciera, ya que temían que los Estados Unidos tomara represalias económicas contra el país”.

El 13 de enero, Chiari se reúne con el delegado estadounidense Thomas Mann. Al final de la conversación, Mann le informa que la inteligencia norteamericana había descubierto que los comunistas habían penetrado posiciones importantes dentro del gobierno panameño, que había algunos dentro de los consejeros del presidente, y que Fidel Castro trataría de introducir armas a Panamá. Ante esta aseveración, Chiari no hizo ningún comentario. Es probable que Mann al señalarle al presidente Chiari sobre ese infiltrado comunista en su gabinete se estuviera refiriendo al ministro Solís Palma.

Ante la gravedad de los hechos, y la negativa del ejército estadounidense de cesar la agresión armada contra la población panameña, y ante el apoyo y el clamor del pueblo, el presidente Chiari toma la muy difícil y patriótica decisión, y nos convertimos en el primer país de América que rompía relaciones con la primera potencia militar del mundo.

Prohibamos la minería metálica a cielo abierto

Eduardo Flores Castro

Nuestro país ya tiene experiencias negativas en la minería metálica a cielo abierto como es el caso de la Mina Santa Rosa en Cañazas de Veraguas. Después de alegar dificultades económicas, la empresa no cumplió a cabalidad el protocolo de cierra de la mina contemplado en el estudio de impacto ambiental, causando perjuicios la salud, a las aguas y las actividades económicas de las poblaciones aledañas.

De igual manera, tenemos el caso de la mina de Cerro Quema en Los Santos, en donde la población ha denunciado la contaminación del río Quema. Esto ha provocado que en varias ocasiones los moradores de estas áreas hayan solicitado el cierre de esta mina.

Además, parte de las minas ubicadas en la provincia de Colón, están sobre el corredor biológico mesoamericano, impactando negativamente la rica flora y fauna, y los acuíferos de la región, causando que en la provincia se hayan presentado denuncias y protestas. De igual forma los pobladores de las comarcas han rechazado heroicamente los intentos de las mineras de iniciar la explotación de estas áreas.

Nuestro país no tiene vocación minera, nuestro verdadero tesoro es nuestra rica biodiversidad y nuestra reservas de agua. En función de esto hemos presentado en la Oficina de Participación Ciudadana de la Asamblea Nacional, la propuesta de anteproyecto de ley: “Que prohíbe la minería metálica a cielo abierto en toda la República de Panamá”. En ella, se ordena que “No se otorgarán permisos ni concesiones para actividades de exploración y explotación de minería metálica a cielo abierto en el territorio nacional.”

Previendo que nuestro país se convierta en planta de tratamiento con químicos contaminante, las ley establece que queda “prohibido la utilización de actividades que utilicen técnicas de lixiviación con cianuro y/o mercurio en minería, y el uso inadecuado de sustancias peligrosas, de conformidad con lo establecido por la Organización Mundial de la Salud”.

Para garantizar la sostenibilidad de las comunidades en donde se tenía pensado desarrollar actividades de minería metálica, se establece que en un plazo de tres años, el Estado procurará los esfuerzos necesarios para promover alternativas productivas como el turismo, la agricultura sustentable y las artesanías.

Esta propuesta de anteproyecto de ley es respetuosa con la seguridad jurídica, ya que señala que se garantiza “Los derechos de concesión adquiridos en cumplimiento de todos los requisitos de las normativas nacionales, con anterioridad a su entrada en vigencia de esta ley”. Pero que todos los trámites relacionados con permisos de exploración y concesiones de explotación para realizar actividades de minería metálica a cielo abierto, que se encuentren pendientes de resolución ante El Ministerio de Comercio e Industria y/o ante la Autoridad Nacional del Ambiente a la fecha de la entrada en vigencia de la presente Ley, deberán ser archivados. Además, ningún permiso o concesión para minería metálica a cielo abierto será renovado o prorrogado, después de haberse extinguido estos por cualquier motivo, de conformidad con la legislación que los regula.

La evaluación del docente

Eduardo Flores Castro

Desde el 2013 se ha aplicado, en la Universidad de Panamá, el llamado “Sistema de Evaluación de los Profesores” que lejos de cumplir los objetivos de la Universidad y contribuir al mejoramiento del proceso enseñanza-aprendizaje, es un sistema carente de definiciones conceptuales y procedimientos precisos; y cuyo marco procedimental se ha ido improvisando, a medida que se han presentado los cuestionamientos del personal docente.

Estas evaluaciones, además de estar lejos de medir el esfuerzo que hacen los docentes en su desempeño, no incentivan las buenas prácticas. Su aplicación, sin haber aprobado previamente el manual de procedimientos y sin que exista claridad al respecto, ha generado un clima de desasosiego e incertidumbre en los profesores, contrario a una evaluación que debería promover la excelencia del buen docente.

Siempre se ha dicho que los docentes no les gusta que los evalúen, pero lo que nunca se dice es que por lo general, cada vez que se implementa un nuevo modelo de evaluación, el mismo hace más énfasis en medidas punitivas que en incentivos para la mejora de la calidad educativa.

Más que una evaluación, se asemeja a un régimen disciplinario que enfatiza en la aplicación de sanciones que van desde la amonestación verbal, la amonestación escrita, cursos obligatorios, la pérdida de tiempo completo, suspensión temporal de labores, hasta llegar a la destitución como pena máxima. Esto, en la práctica, amenaza la estabilidad consagrada en nuestra Ley Orgánica y en el Estatuto Universitario. Es inadmisible que con el pretexto de hacer cumplir los deberes de los profesores, se vulnere derechos. Comprensible es que la institución asegure el cumplimiento de las obligaciones de todos los docentes, en el entendido que su accionar se debe enmarcar en una gestión académica y administrativa de calidad. Pero cuando ello atenta contra derechos, se desnaturaliza el propósito.

El reglamento que crea las evaluaciones de la función docente y el rendimiento por resultados, no tiene objetivos específicos que señalen las metas e indicadores que debe alcanzar la labor de enseñanza-aprendizaje. Cuando se ordena tomar cursos de perfeccionamiento, es para penalizar y no con la idea de mejorar el perfil del docente. Prueba de ello es que no se da ningún tipo de seguimiento a quienes los toman. Para matizar, se incluyen incentivos limitantes, incumplidos e intrascendentes. Sería interesante conocer ¿cuántos profesores se han hecho merecedores a los incentivos que indica el sistema, cuando su evaluación es “excelente”? y ¿cuáles han sido esos incentivos? Todo indica que el objetivo es ampliar el régimen disciplinario en desmedro de la estabilidad docente.

Es cuestionable que la norma reglamentaria exceptúa de la evaluación de rendimiento por resultados a las autoridades y a algunos profesores que ocupen cargos administrativos. Un verdadero sistema de evaluación no sólo debe ser integral, sino que debe abarcar a las autoridades, pues son estos los primeros que han de ser evaluados como ejemplo ético hacia los demás colegas.

Luego de mantener en zozobra a los docentes, por el hecho de no estar claro quién debe certificar las evidencias de cumplimientos, las autoridades han reconocido que no existe aún un manual de procedimiento consensuado para aplicar el Sistema de Evaluación.

Por las consideraciones expuestas hacemos un llamado a las autoridades para que suspendan la aplicación de la evaluación y en contrapartida se rediseñe un sistema de evaluación integral, propositivo, renovador y técnicamente bien sustentado, con las debidas consultas a los docentes.

*CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.

Los 100 años del Canal y su impacto en las ciencias en Panamá

Eduardo Flores Castro

El Canal de Panamá fue la mayor obra de ingeniería en el mundo durante las primeras décadas del siglo XX. Para su construcción se utilizaron los avances de la tecnología más importantes de la época y algunas de las maquinarias utilizadas fueron diseñadas y construidas especialmente para el Canal. Se utilizaron dragas, grúas gigantescas y aceros y materiales de última generación, se construyeron ferrocarriles y se diseñaron represas e hidroeléctricas con gigantescas turbinas.

En vista que el centenar de selectos ingenieros que laboraban en el Canal, su función no era la de transmitir conocimiento, nuestros primeros gobernantes se vieron en la necesidad de becar a un grupo de jóvenes para especializarse en el extranjero y que posteriormente se dedicaran a la enseñanza. Entre estos becados estaba Fermín Naudeau, quien estudió matemática en Chile, y Luís Ramón Salvat y Sebastián Gilberto Ríos quienes estudiaron matemática en Alemania.

Cuando culmina la construcción del Canal de Panamá, el desarrollo tecnológico y científico del país era prácticamente el mismo que al inicio de la construcción. El Canal no había contribuido a elevar muestro nivel científico, ni a crear los profesionales en las diferentes ramas que se estaban necesitando e iba a necesitar el país para su desarrollo. Por esto, en 1913, el Dr. Belisario Porras, crea el primer curso Profesional de Matemática para formar docentes en esta especialidad.

La construcción del Canal, fue un elemento importante para el saneamiento de la Ciudad de Panamá y Colón. En ella funcionaban excelentes hospitales con un cuerpo de profesionales de la salud de muy alto nivel. Pero nuevamente, la mayoría de los panameños no tenían acceso a estos servicios. Por esta razón, en 1920, se crea la Escuela de Farmacia cuyo objetivo era preparar jóvenes que atendieran la demanda de los sistemas nacionales responsables del suministro, registro y control de los medicamentos y alimentos. También se creó una Escuela de Agrimensura.

El Canal siguió funcionando eficientemente para el servicio de los Estados Unidos y el mundo con un destacado grupo de profesionales. Ellos pudieron haber laborado como catedráticos universitarios en cualquier universidad de prestigio. Empero, en 1935, el presidente Harmodio Arias, con el decidido apoyo del Dr. Octavio Méndez Pereira crea la Universidad de Panamá y se ven en la necesidad de contratar docentes en el extranjero. La Universidad contaba con el Colegio Central de Artes y Ciencias, en donde se establecía, entre otros, un curso de tres años que conducía a la Licenciatura en Farmacia, un curso de tres años preparatorio para el ingreso en una Escuela de Medicina, que bajo determinadas condiciones, y un año más de estudios, conducía a la licenciatura con especificación en alguna ciencia particular.

Si bien el Canal no había contribuido a la formación de nuestra Universidad, en 1941, jugó un papel negativo para la institución. Debido a la Segunda Guerra Mundial y a la presencia militar estadounidense en la Zona del Canal, cuatro profesores alemanes que laboraban en la Universidad de Panamá desde su fundación, fueron separados de sus cátedras. Ellos fueron: el Dr. Erich Graetz profesor de Biología, el Dr. Lawrence Malowan profesor de Farmacia, el Dr. Richard Behrendt profesor de Ciencias Sociales y Economía y el Dr. Werner Bohnstedt profesor de estadística y administrador de negocios.

Los aportes del Canal a nuestro desarrollo científico, se dio en cierta medida a partir de la década del 70, a través del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Sin embargo, su impacto a nuestro desarrollo científico-técnico, durante la administración estadounidense y la posterior reversión ha sido escaso. Incluso, durante la actual ampliación del Canal, las sofisticadas tecnologías que se utilizan, no han permeado nuestro desarrollo tecnológico. Por esta razón, soy de la opinión, que una parte significativa de los ingresos del Canal de Panamá, deben ser destinados exclusivamente a la educación, en todos los ámbitos del conocimiento y a todos los niveles. Esto además de invertir en el mayor recurso de un país, la formación académica de su población, sería un acto de justicia con todas las generaciones de estudiantes que hicieron posible que 100 años después podamos decir: alcanzamos por fin la victoria.

*CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.

Dr. Carlos Iván Zúñiga: un rector magnífico

Dr. Eduardo Flores Castro
Catedrático de la Universidad de Panamá

Sus Primeros años

Carlos Iván Zúñiga Guardia, fue uno de esos panameños inolvidables que nos dio el siglo XX. Fue escritor, periodista, político, abogado y rector de la Universidad de Panamá. Nació en Penonomé, el 1 de enero de 1926. Realizó sus estudios primarios en la escuela Simeón Conte. Inició los secundarios en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena en la ciudad de Santiago de Veraguas y los culminó en el Instituto Nacional, en donde fue elegido Secretario General de la Federación de Estudiantes de Panamá.

Como Estudiante Universitario

En 1946, siendo estudiante de la Universidad de Panamá, participa como representante estudiantil ante el Consejo General Universitario en la discusión del Estatuto Universitario que desarrollaba la norma constitucional sobre la autonomía universitaria. Allí respaldó la iniciativa de crear el cogobierno universitario, con la representación de un tercio de los estudiantes en los organismos institucionales.

En el año de 1947, fue elegido presidente de la Unión de Estudiantes Universitarios. Fue parte de la dirigencia popular que logró el rechazo del Convenio de bases militares con Estados Unidos, Filós-Hynes, el 22 de diciembre de 1947.

En 1949, como dirigente estudiantil, en pos de su espíritu civilista y defensor de la constitución, participó de las protestas contra el derrocamiento del presidente Daniel Chanis, aupado por el coronel José A. Remón.

En la Universidad de Panamá, recibió la licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas en 1952. Su trabajo de graduación versó sobre el Régimen Municipal, y fue dirigida por el Dr. José Dolores Moscote. De 1952 a 1956, fue electo diputado suplente ante la Asamblea Nacional.

Su vida periodística la inició como director del periódico Voz Universitaria, órgano de la Unión de Estudiantes Universitarios. Ejerció el periodismo en el Panamá América, como reportero, bajo la dirección del Dr. Harmodio Arias Madrid. Escribía una columna bajo el seudónimo Juan Cristóbal en el diario La Hora y otra en Crítica. En el diario La Prensa, mantuvo una columna hasta su fallecimiento.

Su Vida Profesional

Realizó estudios de posgrado en Derecho Penal y Criminología en la Universidad de Chile, y el doctorado en Derecho Público con Especialización en Derecho Penal en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Perú.

En 1958, ingresó como profesor a la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá. Impartió clases en la Extensión Universitaria de Colón. Además, fue uno de los profesores pioneros en la recién fundada Extensión Universitaria de Chiriquí. Desde esa época, mientras algunos pedían mejores beneficios económicos para Panamá en su relación con los Estados Unidos, él planteaba la nacionalización del Canal de Panamá.

En 1961, gana por concurso la cátedra de Derecho Penal en la Universidad de Panamá. El Dr. Zúñiga apoyó decididamente la creación del sindicato bananero de los trabajadores de la transnacional Chiriqui Land Company, de Chiriquí y Bocas del Toro. En 1964, es elegido como diputado por el Partido Socialista, en representación de la provincia de Chiriquí.

El 10 de enero de 1964, el Consejo General Universitario de la Universidad de Panamá, aprobó por unanimidad una resolución elaborada por los profesores Diógenes Arosemena, Carlos Iván Zúñiga, Erasmo Escobar, Ricardo Arias Calderón, Fabián Echevers, Ernesto Castillero Pimentel y Dulio Arroyo, donde entro otros puntos, solicitaba al Gobierno que declarase al país en estado de alerta para defender la soberanía y ordenara a la Guardia Nacional que asumiera la defensa de la República.

Desde su posición de diputado gestionó varias partidas presupuestarias en 1966, a fin de concluir la construcción del actual edificio de la Facultad de Derecho. Además, presentó varios proyectos de carácter social y civil, entre los que se puede mencionar, la ley que establece las 200 millas de mar territorial y la ley que declaró Día de Duelo Nacional, el 9 de enero.

En 1967, bajo la administración del Presidente Marcos Robles, se llevaron a cabo las negociaciones y la firma de los Proyectos de Tratados Robles-Johnson, también conocido como Tratados Tres en Uno. Bajo un ambiente de críticas y protestas en las calles, y con el decidido apoyo de estudiantes, profesores universitarios y del Diputado Carlos Iván Zúñiga, el 12 de diciembre de 1967, la Asamblea decidió no discutir estos Tratados.

El Golpe de Estado de 1968

En 1968, participa como candidato a rector de la Universidad de Panamá, en unas polémicas y reñidas elecciones. En diciembre de ese año, el mismo día que los militares golpistas cierran la Universidad de Panamá, el Dr. Zúñiga fue detenido por su oposición al golpe de estado, permaneciendo tres meses en la cárcel Modelo. Allí fue compañero de cárcel de un centenar de panameños de diferentes ideologías. La Universidad de Panamá permaneció cerrada durante 9 meses, sin embargo, cuando inicia nuevamente labores, él y su esposa, la Dra. Sydia Candanedo, se niegan a reincorporarse a la Universidad como muestra de repudio al régimen militar. Retirado de la docencia, se dedica al ejercicio de su profesional de abogado.

Luego de la firma de los tratados Torrijos-Carter, el Dr. Zúñiga inició los primeros pasos para la creación del Partido Acción Popular. Este nuevo colectivo político lo postuló como candidato a Presidente, en las elecciones generales de 1984.

Pasadas estas elecciones, en 1985, las autoridades universitarias reconocen su antigua posición como catedrático y regresa a la Facultad de Derecho. Comprometido con los sectores que combatieron a Manuel A. Noriega, en 1987, participó activamente en la fundación, de la Cruzada Civilista Nacional.

Un Rector Magnífico

El Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia censuró la cruenta invasión de los Estados Unidos a Panamá de 1989, a tal punto que se negó a ocupar el cargo de Magistrado de la Corte Suprema de Justicia que le ofreció el nuevo gobierno, en más de una ocasión.

Dos años después de la invasión, fue electo rector de la Universidad de Panamá, y ocupó este cargo de 1991 a 1994. En sus tres años como rector, convirtió el Centro Regional Universitario de Chiriquí en la Universidad Autónoma de Chiriquí. Esto respondió a un viejo sueño, ya que, en 1967, siendo diputado, presentó un proyecto de ley por la cual se fundaba la Universidad de Chiriquí.

Estableció las bases para la creación del Centro Regional Universitario de San Miguelito. Elevó a la categoría de Centro Regional a la Extensión de La Chorrera, dotándola de edificios propios. Además, dejó el estudio para la creación del Centro Regional de Bocas del Toro.

Le planteó al Presidente de la República la necesidad de adquirir nuevas tierras para garantizar el crecimiento de la Universidad. Para Colón pidió Fort Gullick y el Centro Escolar de Coco Sólo. Para Panamá, reclamó el llamado Campo de Antenas y la Escuela Secundaria de Curundu.

Creó la Facultad de Bellas Artes, la Orquesta de Cámara de la Universidad de Panamá, el Instituto de Tradiciones Étnicas y Culturales. Fundó el Instituto del Canal y el Instituto de Biodiversidad. Instauró el Premio Universidad. Edificó 134 obras de infraestructura y se establecieron 20 maestrías. Abrió más de 600 cátedras a profesor regular, haciendo justicia a un porcentaje importante de docentes universitarios.

Durante la administración del Dr. Carlos Iván Zúñiga se convocó, en 1993, a un Congreso Universitario, con el objetivo de aprobar un anteproyecto de Ley Orgánica integral para la Universidad de Panamá. Luego de sendas deliberaciones, se aprobó el anteproyecto de Ley, cuyo Artículo 28 indicaba que: “El Rector, los Decanos y Directores de Centros Regionales no podrán ser reelegidos en el periodo inmediatamente posterior”. En aquella ocasión, quien escribe fue escogido por votación como uno de los representantes de la Facultad de Ciencias ante este Congreso Universitario.

Para el Dr. Zúñiga, la Universidad de Panamá tiene como función, además de formar intelectuales, contribuir a consolidar la identidad nacional. Señaló que la Universidad es: “la conciencia lúcida para entender lo que necesita el Estado panameño y la sociedad y para renovarse incesantemente a lo interno de modo que siempre esté en sintonía con el pueblo al cual se debe”.

Al final de su periodo como rector, algunos profesores le sugirieron que se reeligiera, usando la argucia de retirarse unos meses antes de cumplir los 3 años, pero el Dr. Carlos Iván Zúñiga, prefirió honrar su palabra, respetar la Ley Universitaria, y no reelegirse, y así dar paso a una renovación académica en la institución. La administración del rector Carlos Iván Zúñiga se caracterizó por ser participativa, consultiva, tolerante y siempre apegada a la legalidad. Su labor le mereció el título de Rector Magnífico.

Su discurso de despedida como rector, que debió publicar la administración de la Universidad que su sucedió, fue encarpetado, al punto que un año después, disgustado, fue a retirarlo de la Imprenta Universitaria.

Fue miembro de la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya, y del Colegio Nacional de Abogados. En el año 2003, le correspondió el honor de ser abanderado de los actos del Centenario de la República. Fue condecorado con las Órdenes de Manuel Amador Guerrero y Justo Arosemena en Panamá, y con la Orden del Sol en Perú. La Universidad Autónoma de Chiriquí le otorgó el Doctorado Honoris Causa.

Tras su fallecimiento ocurrido el 14 de noviembre de 2008, la Asamblea Nacional, en el año 2010, aprobó una ley en honor al Dr. Zúñiga, que lo declaró Benemérito de la Patria, y designó el 14 de noviembre, fecha de su fallecimiento, como Día del Patriota.

Deseo concluir esta breve reseña, con una anécdota que relató el Dr. Zúñiga, que debe servir para los universitarios y los panameños en general, como guía de nuestro actuar. Cuenta que de niño, su padrino, el Dr. Octavio Méndez Pereira, fue a visitar a su familia a Penonomé, y él al verlo quiso arrodillarse para recibir su bendición, como era usual; pero el Dr. Méndez Pereira se lo impidió mientras le decía: “Un hombre jamás debe arrodillarse ante otro hombre”.

Hora Nacional de Panamá

Dr. Eduardo Flores Castro
Catedrático de Física de la Universidad de Panamá

La hora nacional u hora oficial de un país, es la hora establecida legalmente y que comunica un laboratorio de referencia con base a un patrón nacional de tiempo, con trazabilidad internacional.

En el Decreto ejecutivo Nº 10 del 26 de enero 2009, basado en la ley 52 del 11 de diciembre de 2007, declaran a dos relojes atómicos de Cs-133 ubicados en el Centro Nacional de Metrología de Panamá (CENAMEP), como los Patrones Nacionales de Tiempo y Frecuencia de la República de Panamá.

Adicionalmente, la Autoridad Nacional para la Innovación Gubernamental emitió la resolución Nº 7 del 31 de mayo de 2010, en donde adopta la Hora Nacional que genera CENAMEP, como la “hora oficial para todas las entidades del estado”.

La Hora Nacional que genera el CENAMEP, puede verse en el sitio WEB:

http://horaexacta.cenamep.org.pa/