Los administrativos en la Universidad de Panamá

Eduardo Flores Castro*

El prestigio de una universidad se basa en su servicio de calidad, incluyendo la calidad total en todas las actividades administrativas que se ofrecen a la comunidad universitaria y a la sociedad. Todo funcionario administrativo debe actuar, haciendo uso pleno de su intelecto de una manera libre y sin sujeción a imposiciones y presiones políticas.

La Universidad de Panamá fue una de las primeras instituciones del país en darse una carrera administrativa que reconoció anheladas conquistas y derechos de sus trabajadores y creó un sistema de selección y promoción del personal basado en méritos que, con el tiempo, ha ido sufriendo distorsiones que estamos a tiempo de corregir.

Es una paradoja inaceptable que la institución que debe formar a los profesionales para administrar el país, no se dé, ella misma, un modelo de gestión administrativo que sirva de ejemplo a todo el servicio público nacional.

Nuestra institución necesita construir una imagen corporativa que desarrolle y refuerce el sentido de identidad, participación y pertenencia de todos sus estamentos y afiance sus vínculos con la sociedad.

El funcionario administrativo necesita permanencia, lo que implica disminuir al máximo las contrataciones temporales que se utilizan como mecanismo de coacción. Requerimos una escala salarial justa y que atienda el incremento del costo de la vida. Se hace necesario un sistema de clasificación, reclasificación y evaluación basado en méritos y no en el nepotismo o el favoritismo; herramientas y ambientes de trabajos adecuados, actualización permanente, respeto y libertad de pensamiento.

Urge un sistema que permita y estimule la superación personal, académica y profesional de sus funcionarios, por ello, se debe erradicar la práctica injusta y desmotivadora de nombrar a nuevos trabajadores administrativos, con salarios mayores al que devengan los ya existentes con las mismas funciones.

La gestión administrativa universitaria confiere responsabilidades específicas a cada persona que deben realizarse con dedicación en concordancia con la misión y la visión de la institución, garantizando en cada actuación la integridad y el cumplimiento de la normativa interna y nacional, con el principal objetivo de combatir y erradicar la corrupción y el clientelismo.

La función pública universitaria debe realizarse con aptitud y capacidad para que sea expresión permanente de moral, profesionalismo y diligencia. Para lograr todo esto, necesitamos una renovación integral de la Universidad de Panamá.

*Catedrático de la UP

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