Las Dos Culturas: aliadas por necesidad

Dr. Eduardo Flores Castro
Catedrático de la Universidad de Panamá

En 1959 el físico y escritor inglés Charles Percy Snow escribió la obra titulada “The Two Cultures” (Las Dos Culturas), en la que analiza la relación entre las ciencias y las humanidades. Snow por ser un científico connotado y un literato reconocido, vivió lo que él mismo llamó Las Dos Culturas, la científica y la humanística. Pudo identificar que los intelectuales de cada cultura habían dejado de comunicarse entre sí, levantando un muro de aislamiento acústico entre ellos.

Para ilustrar la lejanía entre ambos grupos, permítanme relatarles una anécdota sobre un prestigioso científico que fue invitado a cenar por un grupo de literatos. En medio de la reunión, el científico anunció que contaría un chiste:

En un congreso científico un loco se acercaba a las personas y les decía, -te integro, te derivo-. Hasta que se encontró a alguien que le dijo, -no me importa-. El loco extrañado le preguntó, -¿por qué?-, y su interlocutor le respondió, -yo soy exponencial de x-. Los comensales se miraron unos a otros, diciéndose: “¿de qué estará hablando?”, “no tengo la menor idea”. Mientras que uno de los presentes le comenta, en voz baja, a su vecino: “eso son los matemáticos, por eso es que nunca hablamos con ellos”.

El autor de Las Dos Culturas señala que los literatos se han tomado para sí la palabra “intelectuales” como si el cultivo de las letras fuera la única forma de cultura cognoscitiva. Como si el saber científico no formara parte de la cultura de la civilización.

El enfrentamiento entre la cultura clásica y la cultura científica se deja ver claramente cuando Snow señala que “Si los científicos llevan el futuro en los huesos, la respuesta de la cultura tradicional es desear que el futuro no exista”. Sin embargo, señala que “la cultura tradicional es la que dirige el mundo occidental”.

Cada grupo tiene una imagen deformada del otro. A los científicos los humanistas les parecen charlatanes, personas que llegan a conclusiones con parámetros poco objetivos, pesimistas con relación a la condición humana, que no se ubican en la modernidad y que se refugian en sus elucubraciones mentales y en el pasado. Para los humanistas, los científicos les parecen pedantes, que sufren de un optimismo superficial y de indiferencia a los libros que incrementan la cultura (léase cultura tradicional).

Snow señala que la cultura científica es también parte de la cultura universal, por lo que preguntar ¿Conoce usted la segunda ley de la termodinámica? Científicamente equivale a preguntar ¿Ha leído alguna obra de Shakespeare o Cervantes? O algo aún más simple como ¿Qué es la masa? o ¿Qué es la aceleración? Científicamente equivale a preguntar ¿Sabe leer?

Se piensa que una persona es culta, si conoce las razones de la popularidad de la obra musical “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi, o si conoce qué motivó a Picasso a pintar “La Guernica”, o si sabe qué inspiró a Neruda a escribir “Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada”, o si puede interpretar el mensaje de la película surrealista de Buñuel y Dalí: “Un Perro Andaluz”. Sin embargo, no se interpreta como falta de cultura si una persona desconoce que el aumentar la llama de una estufa cuando se hierve agua, no hará que ésta se calienten más allá de su punto de ebullición; o que la integral de una función es el área bajo la curva que la representa; o que la desviación que sufre la luz al pasar de un medio a otro se debe al cambio de rapidez que experimenta; o si ignora por qué una persona con tipo de sangre “O” y su pareja con tipo de sangre “B”, pueden tener hijos con tipo de sangre “O”, tipo de sangre “B”, pero nunca con tipo “A”.

Las concepciones estrechas de cultura que inspiraron al físico y novelista inglés, hace 40 años, a criticar las divisiones entre científicos y humanistas todavía hoy están presentes. Snow propuso que las dos culturas necesitaban encontrar una causa común que propiciara su integración, y planteó que esta causa fuera la preservación de las culturas de los pueblos y la eliminación de la pobreza de todas las naciones. Las razones que lo llevaron a estas conclusiones, se han profundizado. Sólo basta con recordar que el 80 % de la población del planeta habita en viviendas improvisadas, el 70 % no sabe leer, el 50 % sufre de malnutrición. En el otro extremo se tiene que el 6 % de la población posee el 59 % de toda la riqueza del mundo. Se dice que ésta es la era de la informática, pero solamente el 1 % de la población posee computadora. Más aún, el 50 % de los habitantes del mundo no han usado ni usarán nunca un teléfono.

En cuanto a la integración de las culturas, el historiador estadounidense Donald Worster, precursor de la Historia Ambiental, señala que tenemos un nuevo espacio de concurrencia de las dos culturas, y que esta oportunidad es a causa de la crisis ambiental que afecta al planeta. Worster señala que la crisis abarca dos elementos: la muerte inminente de millones de especies de plantas, animales y de miles de ecosistemas; y la creciente amenaza en la seguridad de las culturas humanas.

Recuerda, Worster que es más fácil inventar, nuevas tecnologías, nuevas organizaciones e instituciones sociales, o nuevos valores, que crear nuevas especies o ecosistemas. “Por lo que científicos e historiadores empiezan a acercarse entre sí ante esta situación, y van abriendo puertas en las murallas de especialización que nos separan”.

Es necesario abordar la investigación social e histórica con parámetros y visión de las ciencias naturales y exactas. Por ejemplo, es conocido el caso de la conflagración bélica que se dio en el siglo pasado entre dos países, por diferencias en la longitud que cada cual reportaba para la frontera común. Hoy sabemos que ello ocurrió por ser las fronteras objetos de dimensión fractal, en donde la longitud depende del patrón de medida que se utilice.

Se hace necesario que los historiadores ahonden más en las causas ambientales que motivaron la migración de grupos indígenas mesoamericanos hacia el Istmo de Panamá. Cuál fue el papel que jugó la obsidiana como material estratégico para las guerras precolombinas, que dio como resultado una ruta de la obsidiana que iba de Norteamérica a Suramérica. Tal vez, señala Worster, uno de los responsables de la dipolaridad de las disciplinas humanas, fue el filósofo, matemático y físico francés René Descartes, quien en su obra El Discurso del Método (1644), anunció que el mundo está dividido en dos, la mente enfrentada a la materia. Como consecuencia los científicos se hicieron cargo de la materia, dejando la mente a los humanistas. Esto fue lo que posteriormente se denominaría el materialismo versus el idealismo, lo cual ha producido subsecuentemente enfrentamientos ideológicos.

Esta balcanización de las actividades intelectuales, identifica Worster, ha tenido repercusiones en la forma como se han dividido las facultades y los departamentos en las universidades. División que ha impedido la interacción enriquecedora de las disciplinas.

El enfoque de la Historia Ambiental, trata de explorar y explicar cómo el entorno biofísico ha influido en el curso de la historia de la humanidad. Para ello se hace indispensable que los historiadores y sociólogos tengan formación y analicen documentos científicos en campos como Ecología, Geografía, Física de Materiales, Química de Suelos, Climatología, Genética, Microbiología, Parasitología e Hidrología.

El enfoque científico de la historia ha llevado a introducir una etapa, anteriormente no considerada, en la división de la misma. Tomando en consideración los materiales que el hombre ha utilizado en su desarrollo, se ha identificado la Edad de la Madera, que por no existir evidencias directas debido a su rápida descomposición, no había sido establecida. En sucesos históricos más recientes, la perspectiva de la Ciencia de Materiales, explica también porqué los alemanes, al inicio de la segunda guerra mundial, priorizaron el control de las Filipinas.

El trascendental papel de los cambios climáticos sobre la historia, hace necesario el enfoque multidisciplinario para una comprensión cabal. Es sabido, por ejemplo, que el clima produjo que los antiguos pobladores del istmo habitaran fundamentalmente la costa pacífica, situación que aun hoy persiste en nuestro país. También es conocido que en el Istmo de Panamá, existió una cultura del maíz y otra del pixvae, asociada al ambiente en que se desarrolló cada una de ellas.

Los primeros pasos de integración entre ciencia e historia en Panamá han sido tímidos. En este sentido, la Facultad de Ciencias de la Universidad de Panamá en colaboración con el Museo Reina Torres de Arauz, ha realizado investigaciones arqueológicas donde se correlacionan las temperaturas finales de cocción de tiestos antiguos, determinadas con técnicas nucleares, con el nivel cultural de estos grupos indígenas.

Worster está inclinado a pensar que, cuando se aborda el problema de la naturaleza no existen diferencias metodológicas profundas entre la ciencia y las humanidades (literatura, arte, religión o filosofía). Para él, ambas siguen las mismas reglas de razón, tolerancia, pensamiento crítico, amplitud de criterio y búsqueda de consenso. Sobre el particular, pensó que cuando se percibe la naturaleza a través del prisma del arte, se plasman parte de los sentimientos del artista; no estando este parámetro involucrado en el análisis científico. Por otro lado, el criterio de la verdad en la religión es la fe, mientras que el criterio de la verdad en las ciencias naturales es la experimentación, y en las ciencias exactas el criterio de la verdad es la coherencia lógica.

La cultura científica es importante no sólo para los que propiamente se dedican a las ciencias, o para que los humanistas puedan interpretar de forma más integral los procesos históricos o sociales. La cultura científica es una necesidad para todos los ciudadanos, independientemente de su actividad social. El siglo XXI se caracteriza por la gran cantidad de información a la que se puede acceder. Si se abre un periódico, se escucha la radio o si se sienta frente al televisor, parte de la información entregada contendrá componentes, elementos o conceptos científicos, fundamentales para su comprensión. Es común encontrar términos como: radiaciones ultravioletas, cáncer, efecto invernadero, clonación, virus, bacteria, proteína, desechos radiactivos, capa de ozono o alimentos transgénicos, entre muchos otros.

La popularización de la ciencia y la tecnología persigue, que éstas constituyan componentes centrales de la cultura, la conciencia social y la inteligencia colectiva. Los beneficios de la investigación científica y tecnológica deben privilegiar los problemas de la población afectada por la pobreza y su orientación debe estar relacionada con fines colectivos. Para esto, debe procurarse la expansión del acceso a las ciencias, fomentando la introducción, el entendimiento y la apreciación de la ciencia y la tecnología en nuestras vidas cotidianas desde la educación inicial.

Todos los procesos de cambios y las transformaciones educativas que involucran revisión de los conceptos de la cultura científica, se han dado por necesidad. Después de la Segunda Guerra Mundial la acumulación de conocimiento que se dio fue impresionante, se estima que entre 1950 y 1962 se publicaron tantos trabajos científicos como los publicados en toda la historia de la humanidad. Esta avalancha de conocimiento que se produjo en este periodo, trajo como consecuencia que se modificara la formación educativa científica en Inglaterra. Esta reforma en la enseñanza de las ciencias fue motivada por los profesores, la cual recibió el nombre de Proyecto Nuffield.

En los Estados Unidos la primera gran transformación educativa, en el campo de la Física, se dio cuando se percataron que se estaba quedando a la saga en la carrera espacial frente a la Unión Soviética. Para corregir este retraso, plantearon la reformulación de la enseñanza de la Física desde la escuela secundaria. Reunieron a centenares de prestigiosos físicos para el diseño y elaboración de los nuevos programas, textos escolares y equipo de laboratorio. Esta agrupación recibió el nombre del Comité para el Estudio de la Ciencias Físicas, mejor conocido por sus siglas en inglés PSSC. El segundo gran proyecto de transformación educativa científica, en los Estados Unidos, se inició en los años 80 del siglo XX cuando se entendió la importancia de la cultura científica para toda la población. Esto produjo que se diseñaran los lineamientos generales para la elaboración de los contenidos que todo ciudadano debe conocer en Matemática, Física, Química, Biología y tecnología. Este proyecto a largo plazo se inició en 1986, año en que nos visitó el cometa Haley, y concluirá 75 años después (2061), fecha en que se verá nuevamente dicho cometa; por esta razón se le denominó Proyecto 2061. En nuestro país, La Facultad de Ciencias de la Universidad de Panamá, participó en las investigaciones de adaptación de este proyecto.

Worster señala la necesidad de una perspectiva ecológica de la historia, en donde la comprensión de la misma se busque a través de la relación del desarrollo humano y la naturaleza. Bajo este nuevo enfoque el historiador tendrá que considerar como variables indisolubles de la historia, el desarrollo de la agricultura; el crecimiento de la población; las diferentes formas de energía que se han utilizado y por qué se han variado; los tipos de materiales que el hombre ha utilizado en su desarrollo y cómo se asocian a su avance tecnológico; el clima, sus cambios y las migraciones humanas, entre otras.

La última mitad del siglo XX se caracterizó por un acelerado desarrollo científicotécnico. Pero como toda actividad humana, la misma se basó en la interacción con su entorno. Esta interacción trajo consigo consecuencias como la contaminación radiactiva debido al uso de la energía atómica para fines bélicos y pacíficos, contaminación por el uso de pesticidas, emisiones de gases, partículas y contaminación acústica de los automóviles, los desechos sólidos, las emisiones tóxicas de las industrias y los derrames de petróleo. Esto ha producido la contaminación de suelos y ríos, la desaparición de miles de especies y ecosistemas, el calentamiento de la atmósfera y el deterioro de la capa de ozono.

Entre las causas primeras de la problemática ambiental se puede identificar a las desigualdades sociales, la sociedad de consumo, el individualismo promovido por la sociedad burguesa y la lucha por el poder militar e industrial de las grandes potencias. Frente a esto los pueblos del mundo deben tomar conciencia de la fragilidad de su entorno y por ende de su propia subsistencia. Las poblaciones deben de establecer una nueva valoración del consumo. Este problema es tan alarmante, que una de las formas de medir el desarrollo de un país es a través del número de kilogramos de basura por persona que genera (v.g. en la ciudad de San Salvador se producen por persona 0,5 kg/día, en San José 0,9 kg/día, en ciudad de Panamá 1,3 kg/día y en Barcelona 2,4 kg/día). Las sociedades deben sancionar a las empresas que no valoren la protección del ambiente con el no consumo de sus productos. La única forma en que los países subdesarrollados promuevan la conservación del medio y no recurran, como acto de desesperación, a la utilización inadecuada de sus recursos, es que se liberen del peso asfixiante de la deuda externa. Es importante que los pueblos del mundo tomen conciencia de que los gobiernos que ellos eligen repercuten no solamente en sus economías locales, sino en la preservación de la vida del planeta. Basta con recordar la negativa del gobierno de los Estados Unidos, a firmar el protocolo de Kyoto en el que, entre otras cosas, se reglamentan las emisiones de gases de las industrias.

Vivimos en el planeta Tierra y formamos parte de la biosfera. Es decir, que nos encontramos en una situación de interdependencia con el ambiente, y de este proceso depende la supervivencia de todas las formas de vida y entre ellas la especie humana. La única forma de hacerle frente a esta amenaza es utilizar, en forma colaborativa, todos los campos del saber científico (Física, Biología, Química, Ciencias de la Tierra, ingenierías, etc) y humanístico (Historia, Antropología, Arqueología, Sociología, Económica, etc).

Las Ciencias y las Humanidades deben coordinar programas de investigación sobre el medio ambiente de alcance nacional, regional y mundial. Únicamente la interacción de los especialistas en ciencias naturales, ciencias exactas, sociología, política, economía, demografía, y otros, permitirá llegar a un proceso de desarrollo que permita la preservación de la vida. La comunicación e integración de las Dos Culturas es hoy una necesidad no por razones intelectuales o filosóficas, sino para la supervivencia de la especie humana.

Anuncios

Deje un Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s